Con la excepción de Israel, probablemente ninguna nación
ha puesto mayor énfasis en la educación del
Holocausto que Alemania. Desde comienzos de los años
1960, los ministros de educación y cultura de los Estados
alemanes han proporcionado líneas de actuación
explícitas para la enseñanza del Nacionalsocialismo
y del Holocausto al conjunto del aparato educativo. Todos
los libros de texto oficiales publicados desde mediados de
los años 1980 se han ocupado del tema; las bibliotecas
contienen extensa literatura; la mayoría de los colegios
incluyen visitas a memoriales de los campos de concentración,
encuentros con supervivientes y testigos, y el uso de fuentes
relacionadas en la educación del Holocausto es extensísimo.
Por
tanto, parece que la generación más joven ha
recibido una completa educación sobre este terrible
capítulo de la historia alemana. Desafortunadamente,
a veces se oye decir a los estudiantes alemanes (e incluso
a los profesores) que se encuentran saturados de este tema.
Esta reacción no necesariamente es la consecuencia
de una confrontación intensiva con el tema, sino de
la invasión que todos los ámbitos sociales de
la vida alemana han sufrido en las últimas décadas.
La
conclusión de esto es que lo que se necesita no son
más horas, más material o más cobertura
de los medios de comunicación, sino nuevos conceptos
pedagógico-psicológicos que sirvan para permeabilizar
a las generaciones más jóvenes. Se introducen
así cuestiones, no sobre la cantidad de información,
sino sobre la calidad del desarrollo educativo en la educación
del Holocausto. Para preparar a estas generaciones para la
confrontación intensiva con este capítulo de
la historia, deben desarrollarse conceptos, tener en cuenta
sentimientos, y ligarlos a las formas de vida y patrones de
pensamiento de los jóvenes.
¿Cuáles
son las condiciones únicas de la educación en
Alemania, en referencia a la destrucción de los judíos
europeos? Los jóvenes alemanes se enfrentan al hecho
de que el mapa del terror lleva nombres alemanes; que los
alemanes ordenaron y planearon el asesinato de los judíos
europeos, y que los alemanes fueron la mayoría de los
perpetradores. Estos elementos hacen aparecer cuestiones como
la culpa colectiva y la responsabilidad. Aunque el objetivo
educativo es ahora la tercera o cuarta generación de
posguerra, con pocos lazos familiares directos con el Nacionalsocialismo,
el tema del Holocausto genera, en ocasiones, una resistencia
que se caracteriza por un difuso complejo de culpa.
Otra
situación única para Alemania es que, hasta
1989, existieron dos naciones separadas, en las que el Holocausto
y el Nacionalsocialismo eran temas tratados de forma muy diferente.
La política antifascista oficial de la Alemania oriental
era como una religión política, construida sobre
conceptos de lucha y resistencia antifascista. Con el Nacionalsocialismo
subsumido bajo el Fascismo y con el nuevo sistema económico
permitiendo un distanciamiento del pasado, las cuestiones
sobre la culpa y la complicidad alemana quedaba fuera del
cuadro. En el último libro de texto publicado en la
RDA, en 1988, el problema era explicado como otro crimen del
capitalismo imperialista, mientras que la resistencia antifascista
asumía una importancia creciente en el material educativo.
Actualmente,
ambas partes de Alemania deben aprender conjuntamente cómo
hacerse cargo de la trágica herencia de su historia
de 1933 a 1945.
En
1995, cuando jóvenes del antiguo estado federal de
la Alemania oriental de Brandenburg fueron preguntados sobre
su posición sobre los judíos e Israel, los investigadores
notaron una “remarcable falta de sentimientos y una
escasez de referencias a la persecución y asesinato
de judíos”. De hecho, los profesores se enfrentan
muy a menudo con el desinterés, declaraciones de irrelevancia
y la ignorancia entre muchos estudiantes, más que con
sentimientos de prejuicio agresivo o negación.
Este
desinterés no es, ciertamente, un problema únicamente
en la antigua Alemania oriental sino, incluso, en la Alemania
unificada. Combatir el desinterés y la indiferencia
referente a la historia reciente (y, además, referente
al sufrimiento de millones de seres humanos) es el reto más
importante para la pedagogía del Holocausto.
En
las universidades, a nivel de investigación, la confrontación
con el asesinato de los judíos europeos ha tenido un
comienzo temprano pero lento, tanto en el Este como en el
Oeste. En su primera fase, principalmente en los años
1950, la investigación se centró en las SS,
que se convirtieron en el único grupo responsable de
los crímenes masivos en Alemania. Este carácter
supuestamente todopoderoso de las SS y de la Policía
de Secreta ayudó a explicar la falta de resistencia
entre la población.
En
la segunda fase de la investigación, las cuestiones
más urgentes que surgieron fueron, en la Alemania occidental,
los crímenes masivos del Nacionalsocialismo (sobre
todo a partir del inicio del juicio de Eichmann en Jerusalén
y el juicio de Auschwitz en Frankfurt am Main, junto a otros
procesos a criminales de guerra). Se iniciaron los estudios
sobre la persecución y asesinato de los judíos,
el sistema de campos de concentración, las SS y la
policía, que influenciaron y determinaron el nivel
de conocimiento referente a las políticas nacionalsocialistas
de exterminio, durante décadas. En los debates de ese
período, las investigaciones se centraron en los hechos
que llevaron a la toma del poder nacionalsocialista, pero
obviando la fascinación popular que consiguió
el régimen en ese período.
Hasta
mediados de los años 1980 el Holocausto no se convirtió
en uno de los temas principales para los historiadores alemanes.
Se fue convirtiendo en un tema crecientemente discutido por
el público en Alemania, sobre todo a partir del empuje
recibido desde la emisión en televisión de la
serie “Holocausto”, en 1979. Pero siempre era
discutido como una metáfora del genocidio en general,
más que como una expresión concreta de genocidio.
La contribución alemana a la investigación empírica
sobre la persecución y asesinato de los judíos
en Europa fue minúscula, comparada con la que se desarrolló
en los Estados Unidos o en Israel. Los investigadores pasaron
de la discusión sobre “Fascismo y Totalitarismo”
a la discusión sobre las decisiones que llevaron a
la denominada “Solución Final”. Este debate,
tampoco se concentraba en los perpetradores y en la culpa
de la sociedad alemana, sino más en las interpretaciones
y resultados del genocidio.
Desde
mediados de los 1980 se introdujeron nuevas iniciativas destinadas
a concretar cuestiones empíricas. Esto atrajo también
la atención de la comunidad investigadora internacional.
Es importante mencionar en este contexto el proyecto de investigación
del Institut für Zeitgeschichte de Munich (“dimensiones
del genocidio”, publicado en 1991), que animaba al establecimiento
del número de judíos que fueron asesinados en
todos los países ocupados en Alemania, como una forma
de evaluar y hacer balance del crimen.
Desde
mediados de los años 1990, los jóvenes historiadores
alemanes han hecho importantes contribuciones a la investigación
del Holocausto, basándose en datos empíricos,
investigando las acciones de los ocupantes alemanes en localizaciones
específicas en la Europa central y oriental. Y han
dejado claro que las políticas nacionalsocialistas
de exterminio no fueron un secreto, sino una parte esencial
de los planes de conquista y ocupación en Europa.
Claramente,
el número de los que participaron directa o indirectamente
en los asesinatos se extiende más allá del círculo
de aquellos que integraron los pelotones de ejecución
o manejaban las cámaras de gas. Esta conclusión
puede derivarse de los estudios de Goetz Aly sobre el asesinato
de judíos en el Warthegau, en la Polonia occidental,
de los estudios del historiador Christoph Dieckman sobre los
asesinatos de judíos en Lituania, de Christian Gerlach
sobre las políticas de ocupación y el asesinato
de judíos en la Rusia Blanca, y los trabajos de Dieter
Pohl y Thomas Sandkühler sobre la “Solución
Final” en Galizia. Todos ellos describen las circunstancias,
a los perpetradores y a las víctimas de los asesinatos,
como parte de un conjunto.
Ya
que el objetivo de la investigación debería
ser una clara percepción de la experiencia de perpetradores
y víctimas, debería haber también un
objetivo central para la educación del Holocausto sobre
aquellos cuyas vidas fueron devaluadas, que no deberían
permanecer sin identificar e indefinidos; no deberíamos
referirnos a ellos simplemente como “víctimas”,
sino como individuos con su propia historia e identidad, porque
si no se corre el riesgo de que caigan en el olvido.
A
través de la discusión, los estudiantes alemanes
actuales deben enfrentarse con su propia indiferencia, y deben
forzarse a llegar a un acuerdo con ella.
A
comienzos de 1996, el presidente alemán Roman Herzog
declaró el 27 de enero, el aniversario de la llegada
de las tropas soviéticas a Auschwitz, como día
nacional de recuerdo de las víctimas del Nacionalsocialismo.
Aunque el día está marcado por las discusiones
públicas sobre la Shoah, el racismo y el antisemitismo,
en general no se nota aún su efecto en la sociedad.
La importancia futura de ese día dependerá de
cómo los estudiantes puedan asumir un puesto en las
discusiones y debates. Su entorno deberá romper con
los rituales de recuerdo mecánicos impuestos por el
Estado, creando una conexión directa con las esferas
de experiencia de la generación más joven. Pero
primero debemos introducir una educación apropiada.
En
Alemania, como un Estado federal, son los 16 Länder los
responsables de los temas educativos y de investigación.
Sin embargo, el currículum de este tema no difiere
excesivamente de un Estado a otro.
La
educación del Holocausto en Alemania tiene lugar, primera
y principalmente, en las clases de historia. A la edad de
15 años, los estudiantes aprenden la historia del siglo
XX y el período del Nacionalsocialismo, y en ese contexto
el Holocausto es presentado en un amplio espacio. El hecho
de que este tema sea enseñado nuevamente en la enseñanza
secundaria muestra el énfasis que se marca en la enseñanza
del Holocausto.
El
foco principal de esas lecciones se centra en los estudios
cognitivos. El conocimiento exacto y detallado de qué
sucedió y cómo sucedió, es una base indispensable
en este sentido:
- La base para una empatía emocional adecuada.
- La base para inmunizar contra todos los intentos de negar
el Holocausto.
- La base para resistir al racismo y el neonazismo.
Las
visitas a los sitios memoriales son fuertemente recomendadas
a las clases escolares por los ministros de educación.
Durante esas visitas, la persona que ejerce de guía
y el personal educativo tiene la oportunidad de mostrar biografías
individuales de los presos, cómo eran humillados, torturados
y, a menudo, asesinados, visualizar las condiciones de vida
en un campo de concentración, los barracones, los crematorios,
etc. Siempre que es posible se incluye en las visitas guiadas
el testimonio de un preso de los antiguos campos, a un superviviente,
en conversación con los estudiantes, en un taller de
trabajo, etc. Aparte de las lecciones de historia y de las
visitas a los sitios memoriales, el Holocausto también
es un tema de las lecciones de educación religiosa,
literatura, ética, etc.
En
resumen, los aspectos básicos que se quieren destacar
son los siguientes:
- La educación del Holocausto en Alemania significa
enseñarlo como un hecho histórico específico,
las consecuencias del cual tienen un fuerte impacto en el
presente y lo tendrán en el futuro.
- Se espera que el estudio del Holocausto lleve a actitudes
y percepciones que son importantes para la sociedad democrática
y prevengan hechos similares en el futuro, evitando la aparición
de fenómenos como el racismo o la xenofobia.
- La educación del Holocausto, en su sentido más
amplio, no existe como un término o como un currículum
por sí mismo en Alemania, pero sus contenidos son,
por supuesto, enseñados.
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