Para la educación, una de las preguntas más
importantes es ¿cómo pensar la educación
después de los acontecimientos del siglo XX?
Un
campo de concentración considerado como memorial o
museo existe para documentar un período histórico
específico. Pero también utiliza el poder de
la autenticidad y su propia estructura para ayudar a los visitantes
a conseguir una conexión emocional con la Historia.
De este modo, los memoriales cumplen dos funciones primarias:
la conmemoración de las víctimas y la educación
sobre las circunstancias de sus muertes.
Esto
puede llevarnos a plantearnos algunas cuestiones de gran importancia
para analizar y configurar la importancia de los memoriales:
¿Qué es lo que busca y encuentra el visitante
cuando viaja a un memorial? ¿Cuáles son las
principales lecciones que nos proporcionan esos centros? ¿Cómo
son recibidos esos mensajes por parte de los visitantes? ¿Qué
efectos, a corto o medio plazo, tienen las visitas a los memoriales?
¿Cuál es la importancia política, cultural
o educativa de los memoriales sobre los campos de concentración?
Pero, sobre todo, ¿cómo se ha instrumentalizado
(y se instrumentaliza) el uso de esos lugares, desde el punto
de vista político?
La
aparición de una extensa "cultura conmemorativa"
del Holocausto y de la barbarie nacionalsocialista, con la
fundación de diversos memoriales, la instauración
de un día conmemorativo del Holocausto en Alemania
(durante el 51º aniversario de la liberación de
Auschwitz, en 1996), y el fuerte interés en la aparición
y reconceptualización de los memoriales de los campos
de concentración, en la década de los 1990,
son indicios de una orientación hacia la aceptación
de esos memoriales como parte del conjunto de la memoria histórica
alemana. En este sentido se ha planteado un debate sobre la
existencia y significado de las localizaciones históricas,
especialmente los campos de concentración, en la educación
sobre la memoria histórica, así como los cambios
aparecidos en el balance de su importancia como centros educativos
únicos, con la necesidad principal de preservar la
dignidad de las víctimas. Se desarrolla así
la necesidad de conseguir conjugar la conmemoración
y la educación como elementos relacionados. La conmemoración
debe servir para mantener vivo el recuerdo, la memoria de
los que desaparecieron. Pero si no se consigue educar a la
sociedad, la conmemoración y el recuerdo no sirven
de nada.
Estos
centros, por sí solos, no pueden transmitir al visitante
la historia completa del genocidio y de la represión
nacionalsocialista. Es necesario personalizar tanto a las
víctimas como a los perpetradores, como una herramienta
básica para entender lo que los campos de concentración
significaron. Porque este tipo de centros históricos
está ligado tanto a la memoria de las víctimas
de la persecución política y racial en los años
del dominio nacionalsocialista, pero también a los
perpetradores de esos crímenes, lo que Karin Orth ha
denominado la "perspectiva del perpetrador" (Täter-Perspektive).
La principal idea que debemos expresar es que el Holocausto
fue resultado de las actividades humanas y de los actos humanos,
y no un acto de crueldad que tuvo lugar fuera de esa humanidad.
Por el contrario, los asesinatos en masa serán siempre
parte de la experiencia humana del siglo XX, como han demostrado
otros muchos ejemplos (Kurdistán, Bosnia, etc.
Especialmente
en los últimos años, se ha incrementado el papel
de estos lugares como centro de encuentro de personas de diferentes
nacionalidades, confesiones religiosas y puntos de vista políticos,
y se han convertido en centros educativos y de intercambio
de experiencias. Esto queda en evidencia en los diferentes
grupos de trabajo que se han desarrollado en algunos de esos
campos de concentración, como en Mauthausen o Theresienstadt,
de carácter transnacional y muy efectivo.
Podemos
afirmar que los visitantes de los campos de concentración
se sienten atraídos por el aspecto de "autenticidad"
que ofrecen, en un esfuerzo por conseguir un entendimiento
más personal de los acontecimientos, así como
las vidas y los sufrimientos de las víctimas. Los lugares
históricos proporcionan una prueba tangible de que
esos acontecimientos tuvieron lugar, y los visitantes tienen
la sensación de que pueden "tocar" la Historia.
En Dachau, por ejemplo, se intenta personalizar tanto a los
perpetradores como a las víctimas, para entender la
"humanidad" de las víctimas individuales
y los factores que llevaron a los perpetradores a cometer
su crimen. Los lugares históricos, como los campos
de concentración, crean un elemento especial a la hora
de entender la Historia, y permiten a los visitantes, mediante
un cierto grado de empatía, entender mejor los hechos.
Los
memoriales ofrecen a sus visitantes actividades de carácter
muy diverso: excursiones guiadas, explicaciones completas,
exposiciones temporales y permanentes, conferencias y congresos,
jornadas informativas y conmemorativas, proyección
de películas, etc., que pueden ser visitadas en unos
edificios históricos, teniendo acceso también
a una parte de la documentación, que forma parte de
los museos. Los departamentos educativos ofrecen muchas oportunidades,
con programas educativos, desde actividades de un solo día
hasta actividades de varios días. Además, en
estos centros, los historiadores e investigadores de todo
el mundo tienen acceso a los fondos documentales y los servicios
de las bibliotecas especializadas, permitiendo también
el intercambio de ideas. Así, se han creado nuevas
oportunidades para los jóvenes, pero también
para los estudiosos, de acercarse al tema.
Uno
de los mejores ejemplos de cómo utilizar los campos
de concentración como centros educativos, es el caso
de Theresienstadt (Terezín), en la República
Checa. Este memorial ha evolucionado desde su establecimiento,
inmediatamente después de la guerra, hasta convertirse
en una gran instalación, con un museo incorporado al
centro, que muestra las diferentes funciones de Theresienstadt
como campo de concentración, el ghetto y la vida diaria
de los internos judíos. Ofrece una gran cantidad de
información sobre uno de los aspectos más importantes
de la vida en el campo, como fue el cultural, debido al gran
número de pintores, músicos, escritores, intelectuales,
etc., internados.
Aunque
en los años 1950-1960 Theresienstadt se enfrentó
a diferentes problemas de conceptualización, debido
a la indecisión de las autoridades checas sobre el
mensaje que se quería expresar y su integración
en la propaganda del régimen comunista, desde finales
de los años 1980 sus actividades se han reorientado
hacia la educación sobre el Holocausto, creándose
un programa educativo a corto y largo plazo, que se ha convertido
en parte importante del currículum educativo de muchos
escolares. De este modo, la fundación-museo intenta
conmemorar el Holocausto y apoyar la investigación,
además de desarrollar sus programas educativos y sus
exposiciones sobre la vida en el ghetto y en el campo. De
forma similar, algunos campos de concentración se han
convertido en grandes centros para el recuerdo y la educación.
También
es importante destacar que los museos y centros conmemorativos
deben mantener un balance como centros de recuerdo y memoria,
y como centros educativos sobre el Nacionalsocialismo. Los
campos de concentración juegan tres papeles esenciales
como centros educativos: sirven para despertar el entendimiento
sobre los crímenes; el sentido de lugar ayuda a entender
cómo sucedieron esos crímenes, y finalmente
el contacto directo ayuda a desarrollar una relación
personal con esos acontecimientos del pasado.
Al
plantearnos la idea de una pedagogía, a través
de los campos de concentración, las principales cuestiones
que nos hemos de plantear son cuáles son los objetivos
y los métodos para la educación sobre estos
temas, y los resultados que buscamos conseguir. El principal
de estos objetivos es que la educación sobre el Nacionalsocialismo
puede ayudarnos a entender otros fenómenos más
generales, como el racismo, el nacionalismo y la xenofobia,
y su papel actual en la sociedad. Uno de los objetivos más
importantes del educador ha de ser proporcionar un profundo
entendimiento de las raíces históricas del Nacionalsocialismo,
del Holocausto y del exterminio, y la gran extensión
del antisemitismo en la Historia de Europa.
Por
eso, el Nacionalsocialismo debe ser analizado desde un gran
número de perspectivas de grupo, con un acercamiento
de carácter interdisciplinario y con numerosas herramientas
diferentes que sirvan para su análisis. Las actividades
de estos memoriales han incluido e incrementado el papel de
los museos, programas de investigación y educación
(por ejemplo, las exposiciones permanentes y temporales en
Dachau y Mauthausen), y han complementado el papel de los
museos mediante actividades directas.
Una
de las herramientas más importantes, como complemento
a estas actividades, es el papel de las memorias y biografías
de los supervivientes, que los educadores pueden emplear para
ver qué era la vida en los campos, pero analizando
también las de los perpetradores. Siempre debe quedar
claro que ambas figuras, las víctimas y los criminales,
están siempre relacionadas. De este modo, los estudiantes
podrán entender mejor el hecho de que una persona puede
convertirse en una víctima, un perpetrador, un espectador,
etc., en el curso de un mismo período, porque no existen
rupturas claramente definidas. Por eso debemos "personalizar"
a las víctimas, a los perpetradores y a los espectadores,
mediante historias y vivencias personales concretas, para
señalar que se trataba de personas normales, con problemas
en su vida diaria, que se enfrentaron a una serie de dilemas
morales que desembocaron en unos acontecimientos históricos
específicos. Un tema importante, a la hora de explicar
el Nacionalsocialismo, es qué impulsó a los
perpetradores a llevar a cabo su crimen. Aunque la población,
como conjunto, no persiguió a los judíos, no
detuvieron ni se opusieron a las matanzas. El énfasis
en el estudio sobre los perpetradores se centra en sus biografías
y en intentar entender los motivos de sus acciones.
Es
por todo esto que debemos tener en cuenta los acercamientos
interdisciplinarios que se han venido desarrollando desde
finales de la década de los años 1980. Por ejemplo,
desde 1985 en el campo de concentración de Dachau se
está publicando una revista anual (Dachauer Hefte),
en la que aparecen nuevas investigaciones y fuentes materiales
inaccesibles (procedentes mayoritariamente del antiguo bloque
comunista), y que abarcan una gran variedad de temáticas,
cuestiones y programas, con diversas líneas disciplinarias
(el trabajo esclavo, la relación de la industria alemana
y los campos de concentración, el trabajo de las mujeres,
los experimentos médicos, etc.).
Pero
también podemos apreciar este cambio en el incremento
del número de memoriales dedicados a estas actividades
y el interés que se ha despertado por los diversos
grupos marginales y los aspectos más olvidados del
Holocausto. Otro ejemplo lo tenemos en el monumento del memorial
de Auschwitz, en 19 lenguas diferentes, que señala
que una parte de la población de docenas de países
de Europa fue aislada y aniquilada. Cada elemento de este
concepto nos plantea un problema, y es que debemos asumir
la idea de que el asesinato de una minoría se convirtió
en la política nacional de un país civilizado.
Así, el mayor significado educativo del Holocausto,
como el exterminio planeado de una minoría, debe centrarse
en desarrollar la sensibilidad en la situación de las
diversas minorías dentro de la cultura mayoritaria
actual.
El
genocidio moderno difiere de otras formas de asesinato masivo
anteriores, debido al papel del Estado como el perpetrador
de los crímenes contra sus propios ciudadanos. Desde
ese momento, el Estado deja de ser el garante de la seguridad
de sus ciudadanos. El Estado se convirtió en el principal
perpetrador de los crímenes, como podemos apreciar
en numerosos ejemplos: paradójicamente, fue aplicando
la ley del Estado que los jueces nacionalsocialistas exterminaron
a los judíos durante el Tercer Reich, y que Oskar Schindler
los salvó, es decir, quebrantando las mismas leyes
que los condenaban.
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