La Guerra Civil española puede considerarse como la
experiencia más traumática de la España
del siglo XX, igual que en Alemania la Segunda Guerra Mundial
y el Holocausto marcan su evolución histórica.
Aunque ambos acontecimientos no pueden compararse, debido
al carácter completamente único y singular del
Holocausto judío, sí podemos comparar el papel,
tan distinto, que ha jugado la memoria histórica del
pasado reciente en las sociedades de ambos países.
Nuestra
Guerra Civil es un buen ejemplo de la existencia de diferentes
memorias sociales sobre un mismo hecho histórico: se
dan memorias, en muchos casos excluyentes, que han emergido
con especial fuerza después de la dictadura, entre
la generación más joven, que busca recuperar
una memoria marcada por el trauma de la guerra.
Actualmente,
en España, el pasado vuelve a ser materia de discusión,
sobre todo entre las generaciones más jóvenes.
Se habla cada vez con mayor frecuencia de “recuperación
de la memoria histórica”, y esto ya representa
una relativa novedad pues, aunque no es una cuestión
que haya sido tabú y existe abundante bibliografía
sobre la Guerra Civil y la dictadura de Franco, no se ha producido
aún un debate público desde el punto de vista
de la memoria colectiva. Hemos de tener presente que la historia
y la memoria son dos cosas bien distintas: la historiografía
se interesa por personas y acontecimientos, sin implicarse
en la relación directa que ambos puedan tener con el
presente; la memoria constituye, por su propia naturaleza
personal, un puente entre el pasado, el presente y el futuro.
Actualmente
existen en nuestra sociedad tres formas dominantes de memoria,
que han pasado por períodos diferentes. En primer lugar,
la memoria de identificación con los bandos en lucha
o la confrontación entre ellos. En segundo, la memoria
de la reconciliación, entendida como la superación
del trauma colectivo, que se desarrolló ampliamente
en los años de la transición y hasta mediados
de la década de los 1990. Finalmente, la memoria actual,
basada en la idea de la restitución de los derrotados.
La
forma de memoria que más ha marcado el desarrollo ha
sido la segunda, la de la reconciliación. Por ejemplo,
durante los gobiernos socialistas de 1982 a 1996, no fue un
tema especialmente fomentado desde el gobierno, sino que se
llevó a cabo un proceso de “institucionalizació”
del olvido, que siguió a la “tradición
amnésica” del período anterior. Este olvido
benefició mucho más a un bando que a otro, y
se pagó un alto precio, porque se renunció a
hacer de la memoria de la dictadura la base de la democracia.
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