Nuestra identidad colectiva se basa en nuestra memoria. La
memoria y la identidad se construyen y reconstruyen constantemente,
a partir de una memoria colectiva específica. La memoria
colectiva e individual es un prerrequisito de la memoria histórica
y de su recuperación. Pero también es muy importante
saber y reivindicar el papel de los individuos y de las instituciones,
así como las actividades que provocaron su represión.
Es
un error considerar la memoria como una venganza y el olvido
como recuperación de la paz social. Además,
la ofensiva mediática ha sido posible gracias al nuevo
clima político y social que se ha producido en los
últimos años.
Un
elemento fundamental de las dictaduras, además de la
represión propiamente dicha, es la imposición
de la desmemoria, mientras que el objetivo principal del demócrata
debe ser evitar que se imponga esa desmemoria. Además,
la investigación histórica no puede estar por
encima o apartada de la divulgación mediática:
ambos elementos deben ir unidos para poder mejorar el uso
de la memoria histórica.
Historia
y memoria son elementos necesarios y complementarios, que
nunca deben ser excluyentes. Ambas tienen la facultad de retener
el pasado, aunque sólo la historia sirva para explicarlo
adecuadamente. Pero para un uso correcto de ambas son necesarias
toda una serie de condiciones previas: enseñanza obligatoria,
historiografía y políticas sociales relacionadas
con la memoria. Debemos conseguir que los temarios sobre la
Guerra Civil tengan el tratamiento que merece en la escuela,
que deje de ser un gran ausente en los programas por falta
de tiempo o porque sea un tema incómodo para muchos.
La
escuela española no ha quedado fuera de esta “cultura
de la memoria”. En los últimos años han
sido frecuentes las actividades y proyectos escolares de investigación
o innovación educativa que plantean como objetivo fundamental
la recuperación de la memoria histórica como
forma de lograr un mejor conocimiento de la historia, una
realidad distinta a la de los libros de texto.
El
desarrollo de trabajos centrados en la recuperación
de la memoria histórica puede ayudar a impulsar diferentes
aspectos del mismo proceso histórico y su acercamiento
a la sociedad. Por ejemplo, en el aspecto humano relacionado
con la represión, el silencio y la falta de reconocimiento
social e institucional de las personas que fueron asesinadas,
perseguidas o encarceladas. Otro elemento es el uso político
e ideológico instrumentalizado de la memoria histórica,
la implicación institucional y la lucha por el control
de “las memorias”. Finalmente, es fundamental
abrir la escuela, como espacio de debates y confrontaciones
políticas, convirtiéndola en una extensión
del espacio público.
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