El concepto de Asozialen y la exclusión social    

Algunas reflexiones finales



Los cambios demográficos provocados por la Revolución Industrial, a partir de mediados del siglo XIX, estimularon el mito de la unificación nacional que sustituyera los lazos sociales que existían anteriormente. En Francia, estos mitos se relacionaron con la Revolución Francesa; en Gran Bretaña con el Imperio y la Época Victoriana. En Alemania, se inició el estudio de los cambios sociales y se plantearon los primeros conceptos del darwinismo social. El nacimiento de estas corrientes se produjo debido a la rapidez de la expansión industrial, junto a la decadencia del tejido social tradicional de la agricultura y a la expansión del fenómeno migratorio hacia las zonas urbanas.

En Alemania y Austria, la derrota de la Primera Guerra Mundial y a la crisis económica y social que se produjo durante el período de entreguerras, provocó que el rechazo contra estos grupos se llevase hasta sus últimas consecuencias: lo que tradicionalmente se había entendido como un problema de beneficencia y ayuda social pasó a tener una solución basada en medidas de carácter policial y, tras la radicalización de comienzos de los años 1940, con la eliminación física.

En general, en la memoria de la vida cotidiana del Tercer Reich, el destino de los individuos calificados como Asozialen ha sido ampliamente descuidado, y no ha sido hasta fechas recientes que han comenzado a ser reconocidos como víctimas del Nacionalsocialismo.

El consenso y la coerción entre el régimen y la sociedad se encuentran inextricablemente entrelazados a través de la historia del Tercer Reich, en parte porque la mayor parte de ese terror era usado contra individuos específicos, minorías y grupos sociales hacia los que la población sentía rechazo. Por eso, las medidas coercitivas eran altamente selectivas y no afectaban del mismo modo al conjunto de la población. El régimen no buscaba transformar al pueblo alemán en una masa sumisa, sino ganarse su consenso mediante la creación de imágenes populares de rechazo, aprovechando la necesidad de ideales y las tradicionales fobias ya existentes.

Así, consiguió un gran éxito al hacer que, de un modo o de otro, los alemanes diesen respaldo a la puesta en práctica de muchos de los aspectos de su política racial. La Gestapo utilizó sus nuevos poderes para rastrear todas las formas de miedo, vagamente definido, para acabar con lo que se percibía popularmente como una “oleada criminal”. Poco a poco, la distinción entre criminalidad política y no política fue quedando diluida, gracias a la aparición de los “crímenes raciales”.

Pero es necesario establecer un sentido de cómo los alemanes respondieron positivamente a las sucesivas oleadas de persecución y cómo se vieron imbuidos por el espíritu nacionalsocialista de “justicia racial”. Este proceso comenzó cuando muchos ciudadanos aprendieron a usar (a menudo con propósitos personales) el hecho de que unos estaban dentro y otros fuera de la Comunidad Nacional, gracias al mecanismo de la denuncia. Cuando cualquier persona, sin importar sus motivos, informaba de delitos contra las leyes raciales, estaban contribuyendo a la realización de la ideología nacionalsocialista y ayudando a la dictadura, porque todos los tipos de denuncia fueron aspectos de apoyo al sistema y no parece que hubiese escasez de ellas. Este tipo de integración ciudadana y su voluntad para informar a la policía o al Partido, tuvo efectos devastadores.
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