El concepto de Asozialen y la exclusión social    

Tipos de delitos raciales



Fue la ideología nacionalsocialista, su interpretación de los deseos de gran parte de la población, el elemento principal para decidir el sector social sobre el que sería más ventajoso actuar. La opinión pública era un factor importante, porque muchos de los objetivos del nuevo régimen eran sectores que durante muchos años se habían considerado “casos problemáticos”.

Un elemento de gran importancia fue el papel crecientemente radicalizado de las teorías sobre los criminales habituales, provocada por la sensación de “ley y orden” que el régimen quería presentar ante la población. Por eso, desde mediados de 1933, al mismo tiempo que se introdujeron las medidas contra los judíos, también aparecieron las primeras medidas contra los criminales. N. Wachsmann ha señalado que esa lucha se inició ya durante la República de Weimar, cuando criminalistas, funcionarios de prisiones y policías profesionales expresaron una parte de las teorías que, posteriormente, serían adoptadas por el régimen nacionalsocialista. Arrestar a esos criminales antes que cometiesen un nuevo crimen se acercaba bastante a sus teorías, pero también era una demanda popular constante para acabar con la “oleada criminal” que había azotado el final de la República de Weimar.

Las prostitutas, convertidas también en asociales, pasaron a ser un objetivo de las medidas represivas, aunque se adoptó una postura más ambigua. Por un lado, vivían fuera de la ley, no tenían un trabajo “honrado”, afectaban a los valores familiares y extendían enfermedades venéreas; por eso, durante la primera fase del Reich, las mujeres vagamente sospechosas de ejercer la prostitución eran recluidas y las tratadas por enfermedades venéreas podían ser enviadas a un campo de concentración. Esta actitud cambió cuando se aproximó el inicio del conflicto bélico: comenzó a tolerarse la prostitución, siempre que se ejerciese dentro de un marco oficialmente controlado, se crearon elementos de vigilancia de los burdeles, se aplicaban cargos de comportamiento asocial contra proxenetas y prostitutas ilegales y se crearon burdeles especiales para la masa de trabajadores extranjeros que vivían en Alemania.

Un buen número de casos de los archivos de la Gestapo señalaba que las mujeres involucradas en estos cargos eran prostitutas a tiempo parcial, que completaban sus ingresos normales dispensando favores sexuales, fuera del control de las autoridades. Un crimen especialmente perseguido fue el comportamiento sexual que traspasase las barreras étnicas o raciales (con judíos, prisioneros de guerra, trabajadores extranjeros, etc.). Estas acciones fueron severamente criminalizadas porque estaban sujetas a las estipulaciones de las Leyes de Nürnberg de 1935, y se convirtieron en de “deshonra de la raza”.

Dentro de estos sectores, los gitanos fueron considerados como un caso especial, ya que estaban más allá de los conceptos de “alienos raciales” y de asociales. Eran considerados como una sociedad, que vivía siguiendo sus propias normas sin adaptarse a las de aquellos que los acogían: eran desequilibrados, impredecibles, inquietos, variables, susceptibles y perezosos. Se incluían todas las personas sin un domicilio o trabajo fijo y aquellos que llevaban un estilo de vida inmoral. Uno de los peligros principales era que los gitanos “puros” permanecían dentro de su comunidad y los “parciales” contraían matrimonio con personas “decentes”, introduciendo sus características criminales entre la población.

Los delincuentes sexuales y otros desviados que tuviesen comportamientos desenfrenados y cometiesen delitos sexuales sin sentimiento de responsabilidad, debían ser severamente perseguidos. La promiscuidad y la maternidad fuera del matrimonio era considerada como un criterio de “asociabilidad”, en el caso de las mujeres: cuando tenían hijos ilegítimos, eran consideradas como “sexualmente desordenadas”. La perversión sexual era una de las características de los asociales, y por eso se persiguieron todas las formas de “desviación” sexual. Ese fue el caso de la homosexualidad, duramente perseguida debido a sus efectos adversos en las tasas de natalidad de Alemania. La homofobia dio lugar a la aparición de numerosos artículos en diarios y revistas, que buscaban concienciar a la población de la importancia de combatir a los homosexuales, aunque los prejuicios estaban ya muy arraigados en Alemania y fue introducida como un crimen en el Código Penal de 1871. A pesar de que la homosexualidad femenina también “ofendía” los principios morales e ideológicos del Nacionalsocialismo, no se llevó a cabo ninguna campaña sistemática o específica contra ese colectivo, sobre todo porque no eran consideradas un peligro tan importante para la “supervivencia de la nación”.

El mensaje racista fue rápidamente asumido por la policía política como una parte cada vez más importante de su programa de trabajo, igual que por la sociedad alemana. Para ello, los principios legales republicanos fueron eliminados, a favor de la idea de que “ningún acto debe quedar impune”, si contravenía los dictados del “sano sentir popular”. Tras la toma del poder, el Nacionalsocialismo comenzó a esbozar los planes para la persecución de estas personas. Además, se puso en práctica una normativa cuyo objetivo era la “mejora” racial, de la que tanto las razas alienas como los miembros de “menor valor racial” debían ser excluidos.

Uno de los argumentos de fondo en la investigación sobre los marginados sociales tiene que ver con el papel desarrollado por el sistema asistencial durante la República de Weimar. La distribución de las ayudas a las familias asociales era un problema considerable para el Nacionalsocialismo: esos recursos podían ser mejor utilizados entre familias más adecuadas a los requerimientos de la Comunidad Nacional o en el esfuerzo de guerra, en lugar de ser despilfarrados en este colectivo. Estos argumentos tenían un gran eco entre la población, sobre todo en las grandes ciudades y zonas industriales, donde el problema de los asociales era mucho más importante. En muchas ocasiones el impulso para la persecución procedía de iniciativas locales, más que del resultado de decisiones de ámbito nacional. Las investigaciones que han aparecido en los últimos años han demostrado que el personal asistencial ejerció una serie de funciones de vigilancia y control, incluso antes de 1933. La estructura asistencial, constituida por trabajadores sociales, sanitarios, administrativos, facilitaba informes sobre determinados grupos, para que la estructura de intervención fuese efectiva.

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