| |
|
Los
Judenräte
|
Administrativamente,
los ghettos estaban dirigidos por un Consejo Judío, Judenrat,
encargado de ejecutar las órdenes y disposiciones nazis.
A partir de octubre de 1939, la Sipo fue facultada para seleccionar
o reemplazar a los miembros de los Consejos, que se convirtieron
en parte esencial de la política nazi de control de la
población.
Los Judenräte no tenían una estructura administrativa
uniforme; algunos tenían autoridad sólo en una localidad,
mientras otros administraban diferentes comunidades judías
por todo un distrito o, incluso, por todo un país. Generalmente,
los Judenräte se formaban con rabinos y otras personas
influyentes de la comunidad judía de la zona. La diversidad
de los Consejos Judíos en los distintos ghettos fue notable,
mostrando características diferentes en su constitución,
su nombramiento, su grado de representatividad, su estructura
interna, su relación con otras organizaciones comunitarias,
con la policía del ghetto, y la posición que asumieron
frente al problema de las deportaciones y el exterminio. Algunos
Consejos actuaron como la continuación de las diversas
formas de gobierno judío que habían existido en
el pasado; otros fueron nombrados entre los miembros más
distinguidos de la población del ghetto, con el objeto
de inducir a los demás a obedecer y crear la ilusión
de una existencia judía completamente normalizada.
Los deberes precisos que debían realizar estos organismos
fueron definidos en una orden de Hans Frank, del 18 de noviembre
de 1939, que establecía que “el Judenrat
debe llevar a cabo, a través de su Presidente o Vicepresidente,
las solicitudes de las autoridades alemanas. Será responsable
de su estricto cumplimiento al mínimo detalle. Las órdenes
que establezca con el propósito de cumplir las demandas
alemanas deben obedecerse por todos los judíos hombres
y mujeres”.
Estaban autorizados a administrar la vida interna del ghetto:
alimentación, protección contra epidemias, registro
de la población, vivienda, asistencia social, orfelinatos,
asilos, comedores populares, impresión de papel moneda,
etc. Pero se veían obligados a satisfacer los deseos de
las autoridades nacionalsocialistas, primero de mano de obra esclava
y, más tarde, organizando las deportaciones. Este sistema
jerarquizado de supervisión reforzaba el carácter
incondicional y absoluto con que se buscaba que los Judenräte
garantizasen el cumplimiento de las órdenes recibidas.
En algunos ghettos se desarrolló la estrategia de “rescate
mediante el trabajo”, como en Lodz, Vilna, Cracovia y Czestochowa,
en los que se crearon industrias y fábricas que permitirían
prolongar la vida humana, a partir del supuesto de que su utilidad
permitiría negociar la vida de quienes la sostenían
por medio de su trabajo. En esta lógica de dominación
se estableció un elemento nuevo, inexistente hasta entonces
en la vida comunitaria judía: una policía judía,
creada por iniciativa nazi, que cooperaba con el Consejo Judío
para imponer su autoridad entre la población.
La inclusión de personalidades prominentes en los Consejos
judíos, tenía un propósito dual para asegurar
que las órdenes alemanas se aplicaban y desacreditaban
a los líderes judíos ante los ojos de la comunidad.
Los Consejos eran elegidos por las comunidades, y entre ellos
elegían a su presidente, pero los resultados estaban sujetos
a la aprobación de las autoridades alemanas del distrito
o la ciudad. Sin embargo, la intervención alemana en el
proceso no era absoluta, sino que en un buen número de
ocasiones, los miembros activos de la comunidad determinaban la
composición del Consejo. En algunos casos, los activistas
judíos rechazaban entrar en el Judenrat porque
sospechaban de las auténticas intenciones de los alemanes.
Por regla general, los líderes locales judíos se
convertían en miembros del Consejo para corresponder a
los deseos de la población judía, que consideraba
a los líderes de la comunidad tradicionales como experimentados,
los mejor considerados para representarlos en las relaciones diarias
con las autoridades alemanas. Así, en las fases iniciales
de su existencia, los Consejos preservaron la continuidad del
liderazgo local, aunque en algunos casos, los miembros de los
Consejos no tenían ninguna experiencia pública previa.
Una vez que el Judenrat era establecido, los alemanes
no perdían tiempo en presentarles tareas urgentes, como
reclutar a personas para trabajos forzosos, establecer un censo
de la población judía, evacuar apartamentos y entregarlos
a los alemanes, pagar multas e impuestos, confiscar bienes propiedades
de judíos, pagar por la construcción del muro del
ghetto, etc.
En muchos casos, los miembros del Judenrat intentaban
retrasar las medidas administrativas y económicas que los
alemanes imponían, o al menos aliviarlas. Sin embargo,
los métodos tradicionales empleados por los judíos
para tratar con las autoridades, no eran aplicables a las nuevas
condiciones creadas por el Nacionalsocialismo. Los miembros de
los Consejos Judíos intentaban explotar las rivalidades
entre las diferentes ramas de la administración alemana,
para conseguir aligerar las cargas impuestas a los judíos,
pero sus éxitos en estos casos eran mínimos.
Los Consejos consideraban que cumpliendo las demandas alemanas
imprimirían a los nazis la importancia de la comunidad
judía para Alemania. De este modo, se esperaba apartar
o moderar algunos de los golpes, ganar tiempo, para retrasar los
castigos colectivos, o persuadirlos para reconsiderar sus políticas
y conseguir mantener a los judíos como mano de obra.
Para cada ghetto, las autoridades alemanas nombraron un Judenrat,
que estaba usualmente compuesto por líderes judíos
aceptables para la comunidad. El Judenrat no era un cuerpo
democrático, y su poder estaba centrado en una persona,
no siempre su presidente, que era responsable de su cooperación
en asuntos relacionados con el ghetto. El líder del Judenrat
estaba subordinado a las autoridades alemanas, que delegaban en
él mucha autoridad referida a los judíos, pero que
lo trataban de forma despectiva y, a menudo, cruel.
Para los alemanes, representaban las necesidades judías,
y para los judíos representaban a la autoridad alemana.
Los alemanes no estaban interesados en las necesidades judías,
y la autoridad alemana a menudo era letal para los judíos.
|
Desde el comienzo, los líderes judíos se enfrentaron
a la tarea imposible de organizar la vida del ghetto bajo condiciones
de emergencia, y bajo las constantes presiones de represión
de las autoridades nazis. Las instituciones judías, en
tanto pudieron existir, continuaron funcionando, no siempre abiertamente,
como las que cumplían las necesidades religiosas o los
partidos políticos. La mayor función de esos líderes
e instituciones, sin embargo, fue la provisión de sustento
y servicios sanitarios y de asistencia (incluyendo hospitales,
orfanatos, cocinas populares, etc.). Raul Hilberg enlaza sus tareas
con un pequeño gobierno municipal aislado que viviese en
un territorio hostil.
La autoridad de los líderes siempre derivaba de los alemanes.
El Judenrat intentaba siempre burlar a las autoridades
nazis y aliviar las horribles condiciones del ghetto, al menos
temporalmente. Algunos de sus componentes se comportaron de forma
admirable, mientras que otros se convirtieron en personajes orgullosos
de su poder, imponiéndose sobre la población cautiva.
A medida que los nazis introducían las políticas
de exterminio, a los Consejos les quedaba cada vez menor campo
de maniobra entre las necesidades de la comunidad judía
y las demandas de las autoridades nazis. Los miembros del Consejo
debían entonces enfrentarse a la cuestión de establecer
una línea que cumpliese las demandas de los alemanes, salvar
a individuos o grupos de judíos, aplicar regulaciones más
duras, retener la confianza de la población judía,
etc.
En estos momentos estallaron fuertes discusiones dentro y fuera
de los Consejos, debido a que las propuestas que ofrecían
a menudo encontraban fuerte oposición entre el conjunto
de la comunidad.
La pauta de comportamiento de los miembros de los Judenräte
quedó dentro de cuatro categorías: no cooperación
con los alemanes sobre temas económicos; consentimiento
sobre la expropiación de bienes; resignación ante
la destrucción parcial de la comunidad, e implicación
total con las órdenes alemanas, para sus propios intereses.
Un estudio de Isaiah Trunk sobre el destino de 720 miembros de
los Judenräte de la Europa oriental, demostraba
que casi el 80% murieron antes de las deportaciones masivas o
durante las deportaciones mismas (Judenrat: The Jewish Councils
in Eastern Europe Under Nazi Occupation, 1996).
Muchos historiadores han señalado que los Judenräte
podrían haber hecho más para advertir a la comunidad
judía, resistirse más efectivamente a los opresores
nazis, etc., mientras otros señalan que, en conjunto, hicieron
lo que pudieron para mejorar el nivel de vida de sus comunidades,
y que fueron puestos en una terrible situación.
Casi inmediatamente después del establecimiento de los
Consejos Judíos en la Europa oriental se organizaron también
estas unidades, usualmente como precursoras de la creación
de los ghettos.
Aunque también era un organismo creado sobre las órdenes
alemanas, a menudo contenía elementos de asociaciones voluntarias
de pre-guerra, pero la existencia de una fuerza de policía
judía no apareció hasta la ocupación alemana.
No había ningún precedente de existencia de una
fuerza de policía judía, y no hay indicios de que
los judíos jugasen ningún papel importante en el
establecimiento de una fuerza de policía dentro de los
ghettos.
Los alemanes eran los que establecían las directrices al
Judenrat para el reclutamiento de miembros de la policía,
que incluían características físicas, experiencia
militar y educación secundaria o superior. En la práctica,
estas directrices no siempre se siguieron concretamente.
El papel jugado por los Consejos en la vida pública judía
durante el Holocausto es uno de los temas más controvertidos.
Algunos historiadores sostienen que el Judenrat tenía
un efecto debilitante en las comunidades judías, mientras
que otros historiadores señalan que reforzaba el poder
judío de resistencia en su lucha contra los nazis. Ha habido
considerable controversia sobre el papel de esos consejos en el
destino de los judíos. Por un lado, proporcionaban a las
comunidades judías un cierto grado de autonomía;
por otro, intencionadamente o no, eran la herramienta de los nazis
para la destrucción de los judíos. Los miembros
de estos Consejos tuvieron, en general, un enorme poder proporcionado
por los alemanes, hasta el momento en que ellos también
fueron deportados.
La policía judía
Formalmente, la policía judía constituía
uno de los departamentos del Judenrat, pero desde el
principio muchos Consejos tuvieron problemas a la hora de utilizar
la fuerza policial públicamente, así como su funcionamiento,
porque sospechaban que los alemanes tendrían supervisión
directa de la policía y la utilizarían para la aplicación
de sus políticas. Por eso, muchos Consejos buscaban establecer
sus propios medios de control de la policía y los niveles
de su comportamiento, e intentaban atraer a jóvenes que
fueran de confianza.
En el período inicial, algunos de los reclutamientos creían
que entrando en las filas de la policía judía tendrían
una oportunidad para servir a la comunidad. Pero había
otras muchas razones para entrar: pertenecer a una organización
protegida, conseguir inmunidad ante los reclutamientos para el
trabajo forzoso, mayor libertad de movimientos, posibilidad de
obtener dinero y comida mediante los sobornos, etc.
El tamaño de la fuerza de la policía judía
no era fijo, sino que dependía del tamaño del ghetto.
Así, en Varsovia la policía tenía unos 2.000
miembros, en Lvov 500, en Lodz 800, en Cracovia 150 y en Kovno
200.
Los principales deberes de la policía judía eran
la dirección del tráfico en las calles, supervisión
de la recolección de basura y limpieza de las calles, supervisión
de las instalaciones sanitarias en los edificios, prevenir el
crimen y actuar como tribunal que servía de “árbitro”
en disputas, etc. Las primeras dos categorías incluían
la recolección de una gran variedad de pagos, impuestos,
valores, pertenencias personales, reclutar personas para el trabajo
forzoso, guardar los muros y puertas del ghetto, hacer redadas
para enviar a los judíos a los campos de trabajo y, eventualmente,
participar en las deportaciones de masa a los campos de exterminio.
En la primera fase de su existencia, controlaba las instalaciones
sanitarias, asistía en la distribución de alimentos
y ayudaba a los necesitados. Estas tareas iniciales eran completadas
con la asistencia en el control de epidemias.
La población del ghetto, generalmente, apreciaba a la policía
judía por esas actividades públicas de asistencia.
Sin embargo, ya en esta primera etapa hubo aspectos de corrupción
y conductas sospechosas entre los policías.
Con el paso del tiempo, el papel de la policía en el alivio
de las condiciones de vida en el ghetto fue considerablemente
reducido. Las deportaciones masivas a los campos de exterminio
comenzaron a principios de 1942, desde Lodz a Chlemno, y desde
Varsovia a Treblinka, afectando a las familias de los hombres
que servían en la policía, a sus amigos y a sus
compañeros, y ellos decidían si debían mantenerse
o no en sus puestos.
Muchos decidieron abandonar la fuerza policial, algunos de ellos
de forma abierta y pública, para expresar su solidaridad
con sus familias y con la población judía como conjunto;
muchos de los que obraron de este modo fueron incluidos en los
transportes hacia los campos. Pero también hubo miembros
que se mantuvieron en sus puestos hasta la fase final de la existencia
de los ghettos, cumpliendo órdenes de los alemanes hasta
el final.
En referencia a las relaciones con los grupos ilegales, la policía
judía actuó de formas diferentes, dependiendo de
su propia situación. En algunas ocasiones, los policías
siguieron una política de no intervención en las
actividades ilegales; en otros ghettos, como en Kovno, la policía
ayudó activamente al movimiento clandestino y algunos de
sus miembros también pertenecían a la organización
clandestina. Pero la relación más común era
la de tensión, y en muchos casos la policía judía
intentó eliminar el movimiento clandestino (Varsovia, Cracovia,
etc.).
En el ghetto de Varsovia, la policía estaba supervisada
por la policía polaca (denominada “policía
azul”, por el color de sus uniformes), que rechazaba abandonar
ese control, debido a las posibilidades de recibir sobornos que
tenían.
El ghetto estaba dividido en seis distritos policiales, basados
en los antiguos distritos de la policía polaca. El comandante
de la policía judía era Jozef Szerynski, un antiguo
coronel de la policía polaca hasta el comienzo de la Segunda
Guerra Mundial, que había roto todos sus lazos con en judaísmo,
aunque según las leyes raciales nazis, fue definido como
judío y obligado a entrar en el ghetto. El presidente del
Judenrat, Adam Czerniakow, nombró a Szerynski
para su cargo como responsable de la policía del ghetto.
Szerynski fue arrestado por los alemanes el 1 de mayo de 1942,
acusado de contrabando de pieles desde el ghetto a la zona “aria”
de la ciudad.
Durante los primeros días de las deportaciones de judíos
desde Varsovia al campo de exterminio de Treblinka, que comenzaron
el 22 de julio de 1942, Szerynski fue liberado y repuesto al mando
de la policía judía durante la Aktion.
De acuerdo con los testimonios y memorias de los policías
judíos, muchos de ellos creían que la participación
en las Aktionen permitiría limitar sus consecuencias, evitar
las crueldades y, sobre todo, evitar la intervención de
los alemanes en la acción directa, que provocaría
mayores daños. Además, los alemanes prometían
inmunidad total para aquellos que participasen en las acciones
y para sus familias, y exacerbaban las diferencias existentes
entre ellos y el resto de los habitantes del ghetto.
Conforme las acciones se sucedían los miembros de la policía
judía comenzaron a entender lo que los alemanes estaban
haciendo, y que su propio futuro se veía oscurecido por
las dudas. Comenzaron a desertar de las filas del servicio del
orden; muchos intentaron trabajar en los talleres como guardias
internos, mientras otros, sencillamente, dejaron de presentarse
en las revistas matutinas, cuando se distribuían las órdenes
diarias. La respuesta alemana fue establecer cuotas diarias que
cada policía debía cumplir personalmente (cinco
“cabezas” diarias), ante la amenaza de utilizar a
sus familiares para cumplir el cupo.
El acto final de la deportación desde Varsovia tuvo lugar
el 21 de septiembre de 1942, y las víctimas fueron los
policías judíos y sus familias; el número
de miembros del servicio de orden quedó reducido a 380
personas. Szerynski se suicidó el 24 de enero de 1943,
poco después de la segunda acción que había
tenido lugar entre el 18 y el 23 de enero, y que se encontró
con la resistencia armada contra von Sammern, el líder
de las SS y de la Policía.
|
|
| volver |
|
|
|
|