El
ghetto, en sus orígenes, tenía dos finalidades.
En primer lugar, los alemanes crearon una situación en
la que el trabajo esclavo, la malnutrición, la superpoblación
y las penosas condiciones sanitarias contribuirían a la
muerte de un gran número de judíos; uno de cada
diez murió en Varsovia en 1941, antes de las deportaciones.
Esta política estaba relacionada con el otro uso del ghetto,
como una fuente de mano de obra barata que podía beneficiar
al Reich y a los comandantes individuales. Al final, incluso la
posibilidad de disponer de mano de obra esclava dejó paso
a la “solución final”.
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La vida útil de algunos ghettos se extendió porque
proporcionaban una gran cantidad de mano de obra, pero mientras
aún se consideraba su uso, comenzó el proceso de
exterminio. Por ejemplo, el comandante de Galizia envió
una orden a finales de 1942 para disminuir el número de
ghettos desde 1.000 a 55, y en julio de 1943 Himmler decidió
transferir a los supervivientes de los ghettos a los campos de
concentración del Este. El último ghetto en suelo
polaco fue el de Lodz, que había existido desde abril de
1940, y que fue liquidado en agosto de 1944.
A comienzos de 1940, los Judenräte recibieron el encargo
de proporcionar mano de obra para los campos de trabajo que se
estaban creando. Este era un cambio fundamental en referencia
a las anteriores responsabilidades de los Consejos, porque implicaba
que las personas que iban destinadas a esos campos quedaban totalmente
separadas del conjunto de la comunidad y de sus familias, y trasladadas
a parajes remotos, donde el régimen de vida era aún
más duro. En algunos casos, los Consejos se negaron a proporcionar
las cuotas de mano de obra para los campos. Por ejemplo, Joseph
Parnes, el presidente del Consejo de Lvov, rechazó enviar
hombres al campo de Janowska, por lo que fue asesinado.
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