La ambigüedad de la memoria alemana
La memorialización pública del Nacionalsocialismo
y de la guerra comenzó en Alemania, como en cualquier otro
país, con cada grupo o colectivo recordando sus propios destinos,
sus propios sufrimientos.
Pocos días después de su liberación, los supervivientes
de los campos de concentración de Dachau, Buchenwald y Bergen-Belsen
comenzaron la construcción de memoriales improvisados en
sus desmanteladas prisiones. Los soldados británicos, soviéticos
y norteamericanos erigieron sus propios recordatorios por todos
los campos de batalla, inscribiendo los nombres de sus camaradas
caídos en combate. Rabinos, sacerdotes católicos y
protestantes asumieron una importante parte simbólica en
la conmemoración religiosa de sus respectivas comunidades.
La memoria del terror a manos de los nazis constituyó y dio
impulso, convirtiéndose en la auténtica razón
de ser de comunistas, socialdemócratas y otros grupos de
perseguidos políticos, cuyas ceremonias y conmemoraciones
se convirtieron en parte del paisaje político después
de la guerra.
La primera demostración conmemorativa antifascista en Alemania,
organizada por una coalición municipal que representaba a
todos los grupos de víctimas, acogió a más
de 35.000 personas en el Werner-Seelenbinder-Arena de Neuköln,
un barrio de Berlín, el 9 de septiembre de 1945. Los reunidos
acudieron con motivaciones muy diversas: algunos recordaban a los
amigos y familiares desaparecidos; otros expresaban su solidaridad
con las víctimas; muchos para dejar clara su posición
de rechazo del régimen anterior y su apoyo al nuevo orden;
unos pocos para arrepentirse de su complicidad (o pasividad) con
los crímenes. Probablemente, la mayoría estaba allí
porque también se consideraban víctimas. Por tanto,
la memoria alemana de este período comenzó con sus
propios ciudadanos considerándose y recordándose a
sí mismos como víctimas, incluso víctimas de
sí mismos.
El historiador Alfred Grosser señala que no existe una única
memoria alemana, sino diferentes memorias alemanas, muy diferentes.
La memoria oficial, la generada por el poder político y que
se expresa por medio de los textos escolares, las conmemoraciones
oficiales, los medios de comunicación, etc., viene señalada
por el hecho de que durante cuatro décadas se ha dividido
en dos, cada una de ellas con una evolución más diferenciada
a lo largo del tiempo y, en muchas ocasiones, enfrentadas entre
sí (GROSSER, Alfred, Verbrechen und Erinnerung. Der Genozid
im Gedächtnis der Völker, DTV Deutscher Taschenbuch, Munich,
1993). La diversidad de los sistemas políticos y económicos
en la Alemania occidental y la oriental se ha traducido en un comportamiento
diferenciado en la confrontación con el pasado y, como hemos
señalado anteriormente, en una evolución propia de
esos recuerdos.
Para las generaciones que vivieron el período nazi, rememorar
el pasado significaba también tener que recordar su propia
responsabilidad, cuestionarse en qué medida cada uno había
contribuido, con su comportamiento individual, a hacer posibles
los crímenes. Estas reflexiones sobre el problema de la responsabilidad
individual y colectiva fueron frecuentes en el período de
la inmediata posguerra. Por ejemplo, el filósofo Karl Jaspers
constataba que entre la población alemana estaba muy difundida
la tendencia a evitar cualquier discusión sobre estos problemas
y a rechazar cualquier idea de culpa (JASPERS, Karl, Die Schuldfrage.
Ein Beitrag zur deutschen Frage, Kulturschriftenreihe des Artemis-Verlages,
Heft 11, Zürich 1946, pág. 79).
Pero esas voces permanecieron aisladas, mientras que se extendía,
colectivamente, la necesidad de cerrar los ojos al pasado y evitar
cualquier reflexión, una actitud promovida por los líderes
políticos de las dos Alemanias, a pesar de la distinta orientación
de ambos regímenes. Se intentaba así evitar la descomposición
del mito de la comunidad renacida de la guerra. El hecho de que
un número tan elevado de alemanes estuviera involucrado en
los crímenes frenaba la reflexión, igual que ha dificultado
a la sociedad alemana probar sentimientos de culpa ante los crímenes
del pasado.
|