El Holocausto en Hungría
El
número de judíos húngaros muertos durante el
Holocausto excede el medio millón de personas. Su exterminio,
sin embargo, comenzó años antes de la primavera de
1944: el sistema de servicio de trabajo-forzoso fue introducido
en Hungría en 1939, y afectó principalmente a la población
judía, aunque también fueron incluidas personas pertenecientes
a minorías, sectas, izquierdistas y gitanos. Entre 35.000
y 40.000 trabajadores forzosos, mayoritariamente judíos,
fueron empleados en el Ejército húngaro (Honvéd);
aproximadamente el 80% de ellos (unas 30.000 personas) nunca regresaron:
murieron en el campo de batalla o en cautividad.
En el verano de 1941, las autoridades húngaras entregaron
a más de 18.000 judíos “sin techo”, procedentes
de la zona carpato-rutena, a las autoridades militares y de seguridad
alemanas. Muchos de ellos fueron ejecutados por la Sicherhetispolizei
y el SD en Kamenets Podolsky; sólo 2.000 personas sobrevivieron
a la masacre.
La acción de deportación más grande y rápida
del Holocausto comenzó el 15 de mayo de 1944. Para el 9 de
julio, las autoridades húngaras habían deportado a
437.402 judíos desde Hungría, de acuerdo con los archivos
alemanes. Con la excepción de 15.000 personas, todos ellos
fueron enviados al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Del
millón de judíos asesinados en ese campo, uno de cada
tres era de origen húngaro: nunca trabajaron tan intensamente
los crematorios de Birkenau como durante los meses del verano de
1944, cuando llegaron los judíos húngaros al campo.
Su exterminio fue dirigido personalmente por el fundador y, hasta
noviembre de 1943, comandante del campo de Auschwitz, Rudolf Höss;
la operación de asesinato de los judíos húngaros
en 1944 fue conocida como “Aktion Höss”.
La sociedad húngara tuvo muchas dificultades para asumir
la derrota de la Primera Guerra Mundial, las revoluciones y el Tratado
de Trianon. Otros traumas fueron los causados por las experiencias
de la vida diaria: numerosos refugiados, principalmente funcionarios
de la monarquía, llegaban desde los territorios perdidos.
Todos estos factores crearon un terreno perfecto para las ideologías
extremistas y la agitación. Los primeros movimientos de extrema
derecha se formaron en 1918 y tuvieron considerable influencia durante
los años 1920, con un fuerte componente antisemita.
En las primeras décadas del siglo XX, los judíos eran
un 5% de la población húngara, una minoría
que había conseguido grandes éxitos económicos,
comerciales y estaban fuertemente sobrerrepresentados entre los
profesionales, en referencia a su número. En el período
de entreguerras, más del 50% de la industria húngara
se encontraba en manos de propietarios judíos o de personas
próximas a familias judías. Los judíos también
representaban una cuarta parte de los estudiantes universitarios,
y en Budapest eran el 43% de los estudiantes de la Universidad Tecnológica.
En 1920, el 60% de los médicos, 51% de los abogados, 39%
de los ingenieros y químicos, 34% de los editores y periodistas,
y 29% de los músicos se identificaban como de religión
judía.
El resentimiento por esta primacía judía estaba muy
extendido. Además, el Tratado de Trianón expulsó
a los húngaros de los territorios en los que aún tenían
minorías étnicas, por lo que los judíos se
convirtieron en el único grupo separado étnicamente
que podía servir de “cabeza de turco” a una nación
en conflicto.
Desde mediados de los años 1930, la sociedad y la política
húngara tuvo que enfrentarse al fortalecimiento del papel
de la Alemania nacionalsocialista, que convirtió a Hungría
en uno de sus vecinos inmediatos, desde comienzos de 1938 uno de
sus principales objetivos económicos. Para 1940, la economía
húngara dependía casi exclusivamente de las exportaciones
e importaciones alemanas. El régimen nazi, aprovechando esa
circunstancia, consiguió mejoras importantes para las minorías
alemanas en Hungría, y otras referidas al “problema
judío”.
El gobierno húngaro cedió a las presiones alemanas
y de las Flechas Cruzadas (principal movimiento paramilitar fascista)
y desde 1938 introdujo una serie de legislaciones antisemitas, con
el objetivo de limitar a los judíos en la vida pública.
El concepto de judío fue gradualmente basado en la raza,
y las leyes les privaron de sus derechos naturales y sus medios
de subsistencia, aunque su vida sólo estuvo en peligro a
partir de marzo de 1944.
El desencanto de los judíos húngaros ya había
comenzado en 1938. La primera, segunda y tercera ley anti-judía
(de 1938, 1939 y 1941) estaban basadas en las Leyes de Nürnberg.
En 1942 se degradaba la fe judía desde religión establecida
a religión reconocida. Después de la ocupación
alemana, docenas de decretos y regulaciones pasaron a limitar aún
más los derechos de los judíos húngaros.
El censo de enero de 1941 señalaba que el 6.2% de la población
(unas 846.000 personas) eran consideradas judías, de acuerdo
con las leyes raciales del momento.
El 18 de marzo de 1944, Hitler se reunió con el jefe del
gobierno húngaro, almirante Horty, y le reclamaba una mayor
implicación de Hungría. La resistencia de Horty fue
completamente inútil porque mientras se producía la
conferencia, los tanques alemanes estaban entrando en Budapest.
Después de la ocupación alemana y el nombramiento
del gobierno de Sztójay, la situación se transformó
notablemente: se iniciaron una serie de actos antisemitas, que animaban
a robar la los judíos todos sus bienes, y su completa separación
de la mayoría cristiana.
En abril de 1944, Adolf Eichmann comenzó a preparar la deportación
de todos los judíos húngaros. Eichmann instaló
su estado mayor en Budapest y comenzó a concentrar a los
judíos de fuera de Budapest, en un proceso de “ghettoización”
y aislamiento que también introdujo la estrella amarilla.
La deportación se completó en menos de dos meses,
con la ayuda entusiasta de las autoridades húngaras, especialmente
de la Gendarmería (csendörség). Los primeros
transportes para Auschwitz comenzaron el 15 de mayo.
Es particularmente notable en todo este proceso la relativa seguridad
de los judíos de Budapest: el Papa, el Rey de Suecia e, incluso,
el Presidente Roosevelt, señalaron la necesidad de frenar
las deportaciones. El 8 de julio se suspendieron finalmente las
deportaciones, de modo que unos 100.000 judíos de Budapest
pudieron sobrevivir, concentrados en condiciones infrahumanas en
el ghetto de Budapest; otros quedaron en “casas judías”,
y algunos bajo la protección de poderes neutrales.
Entre aquellos que ayudaron a los judíos húngaros
merece destacarse a Raoul Walenberg, Karl Lutz y Giorgo Perlasce,
pero también algunos miembros del ejército y la policía
húngaros ayudaron a la supervivencia de estas personas, igual
que algunas instituciones y personalidades eclesiásticas.
El 15 de octubre de 1944 Horthy fue finalmente desposeído
del poder, gracias a un golpe de estado de los fascistas húngaros
de la Cruz Flechada, y en sólo dos meses fueron asesinados
por éstos entre 10.000 y 15.000 judíos, en las orillas
del Danubio.
Las tropas soviéticas liberaron el ghetto de Budapest el
18 de enero de 1945. En abril de 1945, de una población original
de aproximadamente 900.000 personas consideradas judías dentro
de las fronteras de 1941-1944, aproximadamente 250.000 sobrevivieron.
Los
memoriales y la conmemoración en Hungría
En
Hungría, la conmemoración pública no puede
separarse de otros acontecimientos de la historia del país.
Uno de estos fue la ocupación alemana de marzo de 1944, y
sus diferentes interpretaciones. Por ejemplo, está bien documentado
que los oficiales militares húngaros colaboraron activamente
con la Wehrmacht. Frente a esto, la sociedad húngara, incluso
actualmente, mantiene la imagen de que los alemanes primero ocuparon
el país y fueron ellos los que deportaron a los judíos.
Pero
no debemos ignorar que una parte de la sociedad húngara explotó
la deportación de los judíos. Los ghettos fueron asaltados
poco después de que finalizasen las deportaciones, se robaron
las posesiones dejadas atrás y se expropiaron sus casas y
negocios. Por tanto, fue muy incómodo para algunos sectores
enfrentarse a los deportados que volvían de los campos y
reclamaban sus posesiones. Todo esto fue agravado por el antisemitismo
inducido por el Estado, que se había iniciado a finales de
los años 1930 y que, obviamente, no había desaparecido
de la noche a la mañana.
Durante
el primer período, entre 1945 y 1948, las conmemoraciones
fueron muy delicadas. La sociedad húngara acababa de salir
de una guerra devastadora, con un gran número de bajas, y
los problemas en este sentido comenzaron ya en 1945. El país
entero se sentía como una víctima, y la mayoría
cristiana no podía entender porque los judíos sentían
“autocompasión”. Por esa razón, los supervivientes
que volvían a Hungría no se encontraban con la comprensión
y la compasión de sus compatriotas, sino con la envidia y
la hostilidad.
A
partir de 1945, las comunidades religiosas reorganizadas asumieron
sus pérdidas e intentaron comenzar de nuevo. Parte de sus
iniciativas hacían referencia a la colocación de placas
conmemorativas y monumentos memoriales, en honor y conmemoración
de las víctimas. Muchos de los supervivientes escribieron
sus recuerdos y memorias para mantener vivo el pasado. También
se concedió una atención similar a las víctimas
de las Marchas de la Muerte. Los supervivientes y los familiares
erigieron monumentos conmemorativos en los lugares de las mayores
masacres, aunque los habitantes locales no se sienten inclinados
a recordar a las masas de judíos que pasaban por sus poblaciones.
En
1948, tanto el clima político húngaro como el internacional
cambiaron radicalmente. Comenzó la Guerra Fría entre
el bloque oriental y el occidental. Hungría y el Estado de
Israel firmaron un pacto de emigración y, como resultado,
la mitad de los judíos húngaros emigró a Israel:
la mitad de los supervivientes, las personas más dedicadas
a la conmemoración de las víctimas, abandonaron el
país.
La
situación actual es una consecuencia directa de este período:
sólo Budapest tiene una comunidad judía de cierto
tamaño, mientras que en las zonas rurales y en las principales
ciudades las comunidades judías apenas tienen unos centenares
de miembros.
En
el campo del recuerdo público, los cambios reales se produjeron
a partir del cambio de régimen de 1989-1990, cuando por primera
vez se hizo posible la discusión abierta de los hechos de
1944-1945. Una de las actividades más importantes de las
comunidades judías, fue la conmemoración de las víctimas
deportadas en 1944. En esos actos participaron muchos supervivientes
y sus descendientes, y continúan participando en la actualidad.
Desde mediados de los años 1990, los representantes de los
partidos políticos y de la Iglesia también asisten
a las conmemoraciones.
Al
mismo tiempo, no debemos olvidar que, durante los años de
transición, emergieron numerosas organizaciones y publicaciones
de extrema derecha, incluyendo un partido político. A pesar
de esto, o gracias a esto, las conmemoraciones se fueron convirtiendo
en actos cada vez más establecidos, con mayor atención
pública a nivel nacional, etc.
El
Parlamento decretó en 2001 que el 16 de abril era declarado
Día de Recuerdo del Holocausto, a pesar de que no es de obligado
cumplimiento, sino que deja al arbitrio de las comunidades locales
su conmemoración.
En
2002, el gobierno húngaro creó el Centro de Documentación
del Holocausto y el Centro Memorial del Holocausto, una fundación
cuyas tareas son la conmemoración de las víctimas
y la educación del público. Una de las manifestaciones
de esas tareas es el denominado “Muro Memorial de las Víctimas”:
los nombres de las víctimas húngaras del Holocausto
están grabadas en el muro, ofreciendo un lugar de descanso
a las personas que no pudieron ser enterradas. En el Centro Memorial
del Holocausto, la exposición permanente sobre el Holocausto
también recoge la situación de los gitanos húngaros.
El
año 2004 fue declarado Año de Recuerdo del Holocausto,
y toda la sociedad se hizo eco del mismo, a través de la
conmemoración, los medios de comunicación y los círculos
académicos. Nunca antes la sociedad húngara había
tenido tan presente el Holocausto como durante ese año. Poco
a poco, ha comenzado a aceptar que el asesinato de los judíos
se refería también a una parte de la población
húngara, y que es nuestro deber recordarlos, porque nadie
lo hará por nosotros.
|