La nueva política
antigitana: la persecución nazi
Con el comienzo del régimen nazi, la “normalidad”
de las relaciones en la vida comunitaria fue sistemáticamente
destruida. Basándose en su ideología racial,
los gitanos fueron quedando fuera de la vida social y privados
de sus derechos civiles, se redujeron sus medios de vida y,
finalmente, se aplicaron políticas de deportación
y exterminio.
La “Solución Final” basada en la raza se
diferenciaba de las formas de radicalismo que se habían
dado hasta entonces. Por tanto, no podemos caer en el tópico
de la continuidad de la “política gitana”
estatal. Por el contrario, el Holocausto de los gitanos debe
ser considerado como un elemento fundamental en la historia
común entre las minorías y las mayorías
que se había desarrollado durante siglos, porque supuso
una ruptura con las formas tradicionales de pensamiento y
acción política. La discriminación y
represión en los primeros años del régimen
no fueron simplemente la continuación de la política
tradicional: las leyes y regulaciones se hicieron más
severas, y los recursos de las organizaciones de asistencia
social fueron considerablemente recortados, para reforzar
el aislamiento de esa comunidad y el control policial.
En las grandes ciudades como Berlín, Frankfurt y Düsseldorf,
las condiciones de vida impuestas a los gitanos empeoraron
notablemente, sobre todo por la aplicación de medidas
destinadas a su centralización en campos improvisados.
Algunos gitanos fueron esterilizados ya en 1933, después
de la entrada en vigor de la “Ley para la prevención
de la herencia genéticamente deficiente”, una
medida que no fue aplicada a los judíos hasta mucho
después.
La finalidad de aquellos que organizaron la eliminación
política en el Estado nazi era la anulación
completa de la minoría. La realización del exterminio
de los gitanos sólo fue posible en el contexto de la
ideología racial nazi, bajo el dominio totalitario
y en la violencia que se desarrolló en el marco de
la Segunda Guerra Mundial. Pero antes de la “solución
final del problema gitano”, la política de ostracismo
siguió los cánones clásicos adoptados
anteriormente: aislamiento, esterilización, reducción
de la asistencia social, cuarentena económica, internamiento.
Entre todas las categorías de víctimas de la
Alemania nazi, sólo los gitanos y los judíos
fueron individualizados para su aniquilación por motivos
raciales, sólo ellos fueron señalados como amenazas
a la pureza racial alemana, y sólo ellos fueron sometidos
al conjunto de este proceso.
Cada una de las medidas adoptadas era justificada atacando
a la República por su debilidad a la hora de tratar
y solucionar la cuestión gitana. Para los gobiernos
republicanos se había tratado, únicamente, de
una cuestión criminal, mientras que el Nacionalsocialismo
lo había convertido en una cuestión racial que
amenazaba la existencia de la nación alemana.
El 30 de enero de 1933, el Presidente del Reich von Hindemburg
nombró a Adolf Hitler Canciller del Reich. En pocos
meses, los nazis habían destruido el Estado de Derecho
republicano, eliminado los derechos fundamentales, los parlamentos
federales y los partidos políticos. A la toma del poder
político siguió la “igualación”
cultural (Gleichschaltung): la libertad de opinión
y los medios de comunicación fueron adaptados a la
nueva ideología. El dominio nazi era total. Paso a
paso, consiguió penetrar en todos los ámbitos
del Estado para desarrollar sus metas ideológicas,
mientras la red de organizaciones del Partido servía
para el adoctrinamiento y control de la sociedad.
Aunque durante este período inicial la represión
se centró en los enemigos políticos, también
se produjeron desmanes dirigidos contra los judíos
y gitanos, y comenzaron los internamientos en los primeros
campos de concentración. Se ratificaron (o endurecieron)
las regulaciones en vigor contra los gitanos, incrementando
la estigmatización de un estereotipo basado en la subdivisión
entre los gitanos nómadas y asentados. La política
nazi de ostracismo institucionalizó esta subdivisión,
convirtiéndola en la base para la exclusión
de los nómadas de la comunidad, aunque fueron medidas
que se procesaron lentamente.
La política gitana nazi fue, durante mucho tiempo,
vacilante, una mezcla de las políticas tradicionales
y medidas de “higiene racial” que llegaban hasta
la esterilización. A partir de 1933, la policía
comenzó a aplicar más rigurosamente la legislación
contra aquellos que mantenían un estilo de vida considerado
“gitano”. También se dieron los primeros
movimientos para su exclusión de la vida pública,
como se hizo con los judíos. El primer paso fue la
eliminación de sus derechos de ciudadanía, que
los convirtió en individuos sin ningún tipo
de representación ante el Estado: quedaron fuera de
cualquier ámbito normativo-legal, y su mismo derecho
a la existencia fue puesto en cuestión (Deutsche Juristenzeitung
vom 1. Dezember 1935, núm. 23, S. 1.391). No podían
acudir a tiendas, cines, locales, teatros, salas de conciertos,
etc.
El Estado movilizó agresivamente las técnicas
de reconocimiento y registro, para aplicarlas a sus aspectos
raciales, y aplicó la tecnología a la persecución
y eliminación de los gitanos, una vez que se consideró
que tenían sangre aliena. Por eso, la definición
del concepto “gitano” era esencial para su persecución
sistemática, mucho más complicada que en el
caso de los judíos, porque aunque las autoridades tenían
acceso a los archivos de las comunidades religiosas, los gitanos
de esta zona habían sido cristianos durante siglos.
El creciente número de instituciones del Estado y del
Partido empleadas en la recolección de estos datos
era extravagante: la Oficina de Política Racial del
Partido inició un proyecto para compilar un registro
completo de todos los judíos, gitanos, asociales y
otros “extranjeros” raciales; en 1934, las iglesias
protestantes de Berlín iniciaron un archivo genealógico
para aprobar o rechazar la ascendencia aria; en 1935 y 1936,
el Departamento de Salud del Reich inició un catálogo
de personas genéticamente defectuosas, etc.
Las primeras referencias a la “solución definitiva”
de la cuestión gitana, formulada explícitamente
como una finalidad política concreta de la dirección
de las SS, aparecen a finales de los años 1930 (BA,
R 58/473, RdErl. d. RFSSuChDtP. im RmdI., btr.: Bekämpfung
der Zigeunerplage, v. 8. Dez. 1938, S Kr.1, Nr. 557 VIII/38-2026-6).
En 1938, una proclama del Partido Nazi señalaba que
el “problema gitano” era, categóricamente,
una “cuestión de raza”, y que debía
ser encarado desde ese punto de vista. Los elementos básicos
no sólo eran un racismo radical, sino moderno, relacionado
estrechamente con la imagen del enemigo biológico interior,
encarnado por el “gitano”. Para la formación
de este nuevo racismo, la investigación racial, que
cooperó estrechamente con el régimen, adoptó
una función esencial, porque justificó el genocidio
ideológico. El Departamento Superior de Seguridad del
Reich (RSHA) asumió el liderazgo de este proceso, como
organismo que definía y aplicaba las medidas policiales.
Las medidas de aislamiento fueron apoyadas por una sistemática
campaña de propaganda, en la que se propugnaba la “eliminación
de todos los gitanos”, basada en los estudios científicos
y biológico-raciales. Por ejemplo, el periódico
de las SS señalaba, en 1937 que “los alemanes
tendrán que solucionar el problema gitano de alguna
manera, porque no podemos tener entre nosotros un cuerpo extranjero
que se convierta en un foco de infección” (Das
schwarze Korps, 5. Juli 1937, pág. 12). La consideración
de un aparte de la población como parásitos
o enfermedades fue una técnica utilizada para deshumanizarlos
y aislarlos. Estos términos fueron constantemente utilizados
para referirse a los judíos y gitanos durante el Tercer
Reich, en un esfuerzo para desensibilizar a la población
hacia el cada vez más cruel tratamiento al que estaban
siendo sometidos ambos grupos: después de todo, los
parásitos y las enfermedades debían ser erradicados.
Las medidas de aislamiento, registro y deportación
fueron llevadas a cabo gracias al Partido, las autoridades
estatales y económicas, que fácilmente se habían
puesto al servicio del régimen. Pero tuvo un mayor
significado la colaboración de la investigación
racial: médicos, antropólogos, biólogos,
etc., que fundamentaron el genocidio y permitieron, mediante
el registro sistemático de los gitanos, que se convirtiesen
en objetivos específicos del régimen.
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