La nueva política
antigitana: la persecución nazi
La investigación racial
El moderno racismo biológico apareció en el
último tercio del siglo XIX. Su elemento central era
la organización y tratamiento de los diversos grupos
humanos, analizando las diversidades que se daban entre ellos.
Las nuevas “enseñanzas” ideológicas
y raciales no sólo encontraron su lugar en los círculos
académicos y las universidades, sino también
en el pensamiento de los ciudadanos y la sociedad.
Después de la Primera Guerra Mundial los científicos
raciales alemanes entrelazaron la herencia con la enfermedad,
el crimen y el comportamiento asocial, abogando por la limitación
en la reproducción de aquellos que se consideraban
inferiores. Estos seguidores de la “higiene racial”
proporcionaron la infraestructura intelectual para las Leyes
de Nürnberg y el genocidio, proporcionando a la burocracia
nazi una justificación científica para la exclusión
y asesinato de los gitanos. La antropología racial
complementó la nueva ciencia criminalista y proporcionó
a la policía herramientas de control social. Antropólogos,
genetistas, demógrafos, estadísticos, etc.,
utilizando los estereotipos biológicos y culturales
avanzados por etnólogos, eugenistas y médicos
a comienzos del siglo XX, permitieron probar la superioridad
de los europeos caucásicos, por encima de las razas
no europeas, y percibieron a los gitanos como un problema,
debido a los peligros de la mezcla de razas.
En la década anterior a la llegada de Hitler al poder,
esos teóricos pusieron los fundamentos y crearon a
los “especialistas”, que describían a los
gitanos itinerantes como una “cobertura para su comportamiento
asocial”. Todos los gitanos debían ser englobados
en una clasificación, como una entidad “racial”
con características antisociales y criminales.
Durante el primer tercio del siglo XX aparecieron dos discursos
en la política de los Estados europeos en referencia
a los gitanos. El concepto educativo veía a los gitanos
como inferiores a los que, con el respaldo adecuado, se podía
transformar, mediante la intervención sociopolítica.
El segundo discurso señalaba que cualquier intento
de educarlos era un sinsentido, debido a la naturaleza inmutable
de su carácter. Aunque se dieron algunos intentos por
aplicar el primer discurso, las tendencias racistas adoptaron
el segundo, señalando que la “inferioridad”
de los gitanos debía ser atribuida a un “destino
genético” inalterable. Robert Ritter, por ejemplo,
consideraba que los gitanos eran “primitivos típicos”
cuyo “carácter racial” no podía
ser transformado mediante influencias ambientales o la educación
en su entorno. Aunque esta visión estaba basada en
los clichés más usuales sobre los gitanos, su
predominio marcó un cambio conceptual significativo.
Con la llegada del Nacionalsocialismo, la ideología
racial se convirtió en la única ley, manteniéndose
en el centro de todas las decisiones, apoyándose en
el derecho y el Estado, a pesar de los cambios tácticos
y las adaptaciones que se llevaron a cabo. La finalidad era
la creación de una nueva sociedad, basada en conceptos
raciales, hasta conseguir un “Nuevo Orden” bajo
dominio ario. Se sirvieron de determinados aspectos de la
ciencia para mantener su ideología racial como un elemento
de legalidad, destinada a aislar a determinados grupos sociales.
El adoctrinamiento de la población era un aspecto central
del sistema. Miles de colaboradores eran utilizados por el
aparato de propaganda de Goebbels para controlar a la opinión
pública y la vida cultural. Los medios de comunicación
de masas se convirtieron en instrumentos centrales de la campaña
de propaganda. La imagen que presentaba la propaganda estaba
dirigida a crear un clima social en el que las deportaciones
fuesen realizadas sin protestas ni oposición por parte
de la población: su criminalización permitiría
que las medidas de persecución fuesen consideradas
adecuadas y aceptadas por la población, permitiendo
también una mejor colaboración con la administración;
la deshumanización de los grupos perseguidos (como
parásitos o alimañas) evitaba planteamientos
morales. La ideología racial también se abrió
paso en los planes de enseñanza y en los libros escolares.
“En Alemania hay en la actualidad aproximadamente
6.000 gitanos de raza y unos 12.000 gitanos mestizos. Naturalmente,
nuestras leyes para la protección de la raza también
se refieren a los gitanos, porque ellos no son “alemanes
de sangre”, sino razas extranjeras que viven aquí
(…). Para la totalidad del pueblo alemán que
está bajo la influencia decisiva de la raza nórdica,
con componentes raciales propios, se aplica la expresión
‘ario’. De origen no ario es también una
persona que procede de otro origen racial extranjero. Como
extranjero, además de los judíos, se consideran
todas las razas de los continentes no europeos, así
como los gitanos. El origen ario es una condición de
todos los funcionarios (ley del 7 de abril de 1933), abogados,
notarios, farmacéuticos, doctores, dentistas y técnicos
dentales del seguro médico; para el servicio en las
fuerzas armadas, el servicio de trabajo y el NSDAP”
(Extraído del libro escolar Biologie-Schulbuch "Das
Leben" für die 5. Klasse, 1942).
Los científicos raciales señalaban los paralelismos
entre los gitanos y los judíos, señalando que
“judíos y gitanos están, actualmente,
muy separados de nosotros, debido a que sus ancestros asiáticos
son completamente diferentes de los nuestros nórdicos,
en términos de raza”. Sin embargo, no eran considerados
una amenaza tan grande como los judíos, gracias a su
reducido número, junto a su inferioridad intelectual
y su estilo de vida asocial, que evitaba su entrada en la
clase racial superior, como habían hecho los judíos.
“Ratas, chinches y pulgas son también fenómenos
naturales, igual que los judíos y los gitanos (…).
Toda la vida es una batalla. Por lo tanto, debemos eliminar
todos estos daños biológicos gradualmente, y
por eso hoy han cambiado las condiciones de vida por la detención
preventiva y las leyes de esterilización, tan fundamentalmente
que todos estos enemigos de nuestro pueblo serán ciertamente
eliminados” (Zeitschrift des Deutschen Ärztebundes,
1938).
En 1936, el poder policial en Alemania quedó centralizado
bajo el mando de Himmler, como Reichsführer SS y Jefe
de la Policía. Por tanto, también quedaron centralizadas
las políticas policiales sobre los gitanos. De todos
los científicos raciales relacionados con los gitanos,
el Dr. Robert Ritter jugó un papel decisivo a la hora
de proporcionar justificación “científica”
al Nacionalsocialismo para aislar a la población gitana.
Bajo su dirección fue creado el “Centro de investigación
para las ciencias genéticas”, integrado en el
Ministerio del Interior, en 1936, que desde 1937 fue conocido
como el “Centro de investigación para la higiene
racial y biología de la población”, en
el Ministerio de Salud. Una de las primeras decisiones de
esta agencia fue aplicar las medidas legales raciales a los
gitanos.
Ritter, nacido en 1901, luchó en los Cuerpos Francos
en 1921, en la Alemania oriental y colaboró con diferentes
grupos juveniles nacionalistas. Estudió en diversas
universidades y en 1927 consiguió su doctorado en psicología
y dio clases en la Universidad de Munich. Al mismo tiempo,
consiguió su licenciatura en medicina, gracias a sus
estudios sobre psicología infantil, y en 1930 se doctoró
en Heidelberg; en 1934 completaba su especialización
en psicología infantil. Tras períodos de interno
en hospitales de París, Zúrich y Berlín,
como parte del equipo médico de la clínica psiquiátrica
de la Universidad de Tubingen, obtuvo su calificación
práctica en 1936.
Durante estos años, se encargó principalmente
de problemas relacionados con los jóvenes antisociales,
y se convirtió en un prestigioso experto, gracias a
la publicación de un estudio que analizaba diez generaciones
de familias consideradas conflictivas. Se basaba en el concepto
de que el comportamiento criminal está genéticamente
determinado. Estas nociones eran características de
los paradigmas racistas que se habían convertido en
política de Estado en la Alemania nazi. Pero en el
mundo científico, Ritter no estaba sólo en sus
planteamientos sobre los gitanos. Similares, aunque menos
ambiciosos fueron los esfuerzos realizados por las universidades
de Frankfurt am Main, Münster, Berlín, Munich,
Viena o Königsberg.
Ya en 1935, Ritter había atacado a los gitanos en un
congreso internacional, en Berlín, citando su “Estudio
sobre experimentos genéticos dentro de un círculo
reproductivo de gitanos de media casta y psicópatas
asociales”, y reclamaba la esterilización forzosa
de los miembros de este grupo social. Ritter señalaba
que el hecho de nacer como un “gitano nativo”
era la causa del comportamiento asocial y criminal. Esta idea
fue científicamente adoptada, y se convirtió
en un elemento clave dentro de la teoría racial sobre
los gitanos.
Entre 1936 y 1941, Ritter y un pequeño grupo de estudiantes
y colaboradores llevaron a cabo una investigación eugenésica,
basada en las historias familiares de delincuentes, especialmente
de razas alienas y su descendencia híbrida. En colaboración
con el RSHA elaboraron detallados estudios genealógicos
que dieron como resultado más de 24.000 actas raciales
de gitanos (Rassegutachten), con miles de fotos. Estas actas
se convirtieron en elementos esenciales para la planificación
y puesta en práctica del genocidio, porque permitieron
la clasificación y control de esa comunidad.
Ritter consideraba que era necesario recopilar un inventario
del conjunto de la población gitana de Alemania, un
prerrequisito necesario para solventar el problema. A partir
de 1937, Ritter y sus colaboradores comenzaron a entrevistar
a todos los gitanos, viajando a los campamentos y, tras el
internamiento y deportación, a los campos de concentración.
A partir de esas entrevistas, Ritter desarrolló historiales
familiares exhaustivos para distinguir a los gitanos “puros”
de aquellos de “sangre mezclada” y extraer a los
asimilados del núcleo de la población. Considerando
que cualquiera que tuviese sangre contaminada era un peligro
para la comunidad, Ritter clasificó a los gitanos “parciales”
como alguien con uno o dos abuelos gitanos, o dos o más
abuelos gitanos “parciales”; es decir, con al
menos una octava parte de sangre gitana. Los criterios para
la clasificación como gitano fueron dos veces más
estrictos que los aplicados a los judíos. Si se hubiesen
aplicado los criterios judíos, según Kenrick
y Puxon, aproximadamente 20.000 gitanos hubiesen escapado
a su destino en los campos de concentración. También
se analizaban las familias que se habían expandido
mediante el matrimonio con miembros del grupo no gitanos,
estudiando la salud física, los informes criminales
y la posición social de cada miembro.
“Debíamos sentarnos uno tras otro en una
silla en la que el Dr. Ritter comparaba los ojos de los niños
y los interrogaba; sus colaboradores debían anotarlo
todo. Debíamos abrir la boca y debían medirnos,
con un extraño instrumento, toda nuestra faringe, después
la base de la nariz, la amplitud de los ojos, el color de
los ojos, las orejas por dentro y por fuera, el cuello, las
manos –todo lo que podía ser medido-”.
Para que el trabajo fuese más sencillo, Himmler ordenó
que la oficina principal se trasladase desde el Cuartel General
de la policía de Munich, que había procesado
más de 19.000 individuos y familias gitanas, al Departamento
de Policía de Berlín. De este modo, el trabajo
quedaba mucho más centralizado. La oficina de Munich
se convirtió en el “Centro nacional para el combate
del desorden gitano”.
Como hicieron otros higienistas, Ritter dirigió su
ataque principal contra los “gitanos mixtos”,
una categoría en la que incluía a más
del 90% de las personas consideradas como gitanos. Sus sugerencias
para la “solución final” de este problema,
como reflejó en numerosos artículos y libros,
pasaba por dispersar a los gitanos en diferentes tipos de
campos, separados por sexos, las parejas mixtas debían
ser esterilizadas, etc. Ritter declaró que esa desviación
y las tendencias nómadas eran de naturaleza hereditaria,
a pesar de que su investigación revelaba unos datos
que, a menudo, eran contradictorios.
En 1938-1939, la obsesión racial nazi por los gitanos
se convirtió en algo tan agresivo como la campaña
contra los judíos. Las publicaciones policiales y académicas
estaban llenas de artículos y polémicas contra
los gitanos. En diciembre de 1938, Himmler declaraba:
“El tratamiento de la cuestión gitana es
parte de la tarea nacionalsocialista de regeneración
nacional. Sólo puede conseguirse una solución
si se observan las perspectivas filosóficas del Nacionalsocialismo.
Aunque el principio de que la nación alemana respeta
la identidad nacional de los pueblos externos está
también asumido en el combate del fastidio gitano,
sin embargo, el ánimo de las medidas tomadas por el
Estado para defender la homogeneidad de la nación alemana
debe ser la separación física de lo gitano de
la nación alemana, la prevención de la degeneración
y, finalmente, la regulación de la forma de vida de
los gitanos puros y parciales. La base legal necesaria sólo
puede ser creada a través de una Ley Gitana, que prevenga
posteriores mezclas de sangre, y que regule todas las demás
cuestiones que van unidas con la existencia de gitanos en
el espacio vital de la nación alemana” (Citado
en BURLEIGH, M., WIPPERMAN, W., The Racial State: Germany
1933-1945, New Cork, 1991, págs. 120-121).
En diciembre de 1938, Himmler nombró a Ritter responsable
del “instituto de investigación de higiene racial”,
para controlar a todos los gitanos del Reich. Los diferentes
puestos de trabajo, con el apoyo de la organización
policial y de la Iglesia, llevaron a cabo investigaciones
y solicitaban informaciones sobre los individuos, sus relaciones,
etc. Un decreto de las SS, de ese mismo mes, establecía
que todas las personas sin un domicilio fijo, como son los
gitanos, debían informar a la policía y ser
analizadas racialmente. Una segunda prescripción, de
diciembre de 1939, les prohibía abandonar su lugar
de residencia. De este modo se podían enviar equipos
para documentar y registrar a los gitanos. Aquellos que no
colaboraban voluntariamente eran amenazados con la esterilización
o el internamiento en un campo de concentración. Desde
1939, el Instituto quedó directamente subordinado al
RSHA, Departamento V, Policía Criminal, cuyo responsable
era el SS-Oberführer Arthur Nebe.
La recogida de todas estas informaciones llevó al control
de unos 28.000 gitanos en Alemania (incluyendo Austria y los
Sudetes), entre 1938 y 1942. Para esa fecha, 19.000 habían
sido “racialmente evaluados”: apenas 1.079 eran
de “pura raza” (descendencia plenamente gitana);
el 90% restante fueron clasificados como mixtos; 1.800 fueron
considerados no alemanes, con características comunes
con los judíos; y los gitanos austriacos del Burgenland
fueron considerados como “población mixta”.
Ritter describió a estos “gitanos parciales”
como “portadores de material genético menos valioso,
extremadamente inestables, sin carácter, impredecibles,
indignos de confianza, difíciles”, etc. La descripción
de estos supuestos peligros se convirtió en la sentencia
de muerte para miles de personas.
En 1940, Ritter publicó un informe en el que señalaba
que los resultados de su investigación le habían
permitido caracterizar a los gitanos como personas enteramente
primitivas en sus orígenes etnológicos, cuyo
retraso mental los hacía incapaces de una adaptación
social real. Los gitanos mixtos eran descritos como “los
productos de acoplamientos con el subproletariado criminal
asocial alemán”. La cuestión gitana sólo
podría solventarse, por tanto, cuando el núcleo
principal de asociales y gitanos mixtos fuese internado en
campos de trabajo y cuando se frenase la reproducción
de esta población, permanentemente. De este modo, se
convertía en un firme defensor de la solución
más radical de la “cuestión gitana”:
según Ritter, los gitanos ni podían ni debían
formar parte de la comunidad popular alemana, sino que debían
ser esterilizados, para desaparecer como raza. Eran una polución
racial que podía llevar a la degeneración del
pueblo alemán.
En 1941 Ritter fue nombrado director del Instituto de Biología
Criminal de la Policía de Seguridad, de modo que se
producía la unión institucional de ese puesto
con el RSHA y las SS, que hasta aquellos momentos había
sido meramente formal.
Los colaboradores de Ritter incluían al antropólogo
Dr. Adolf Würth, la zoóloga y antropóloga
Dra. Sophie Ehrhardt, la bióloga Sophie Hidermart y
la antropóloga Dra. Eva Justin. La ayudante más
estrecha de Ritter fue Eva Justin, una enfermera que recibió
un doctorado en antropología en 1943 (aunque no había
realizado los cursos universitarios), basado en su investigación
con niños gitanos que eran mantenidos separados de
sus familias; a la conclusión de sus estudios, los
niños fueron deportados a Auschwitz. Tras la guerra
fue empleada como trabajadora social y nunca fue investigada.
En su tratado sobre los gitanos, expresaba el deseo de que
su investigación permitiera evitar posteriores flujos
de esos elementos primitivos e innobles en la nación
alemana.
Tanto en Alemania como en Austria, hasta 1942, las medidas
fueron principalmente dirigidas contra los gitanos mixtos.
A partir de ese momento, se eliminó la distinción
y fueron todos sometidos al mismo trato. En 1942-1943, cuando
se estaban produciendo la mayor parte de las deportaciones
desde el Reich, también se eliminaron las distinciones
de trato entre gitanos y judíos. Además, también
fue el período en el que se inició la radicalización
definitiva de la persecución de los gitanos, especialmente
a partir de la publicación del “Decreto Auschwitz”.
Desde finales de 1944 hasta 1946, Ritter dio clases de biología
criminal en la Universidad de Tubingen. Después de
la guerra, no sufrió ningún proceso judicial
ni depuración, aunque se inició una acusación
que no llegó a materializarse. En 1947 fue nombrado
Consejero Médico Superior en la asistencia social para
jóvenes de la ciudad de Frankfurt (empleando a Eva
Justin como psicóloga), cargo que perdió en
1949, debido al inicio de una nueva investigación sobre
sus actividades durante la guerra. Las investigaciones se
cerraron, en 1951, con su suicidio.
La Dra. Sophie Ehrhardt entró en la facultad de antropología
de la Universidad de Tübingen en 1942, y continuó
utilizando los datos de Ritter en sus investigaciones de posguerra.
El Dr. Adolf Würth sirvió en la Oficina de Estadísticas
de Baden-Württemberg, hasta 1970. En 1938, Würth
escribió:
“La cuestión gitana es, actualmente, una
cuestión, por encima de todo, racial. La cuestión
Roma debe ser tratada, básicamente, de la misma forma
en la que el Estado nacionalsocialista ha resuelto la cuestión
judía. Se ha llevado a cabo un comienzo. De acuerdo
con las Leyes de Nürnberg, judíos y romanís
están al mismo nivel en referencia a la prohibición
de matrimonios. Así, no podrán estar ni con
sangre alemana ni se relacionan con sangre alemana”
(WÜRTH, Adolf, „Bemerkungen zur Zigeunerfrage
und Zigeunerforschung in Deutschland“, en Verhandlungen
der Deutschen Gesellschaft für Rassenforschung, núm.
9, 1938, págs. 95-98).
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