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El
Gran Devorador: de la exclusión social al Porrajmos.
El Holocausto de los gitanos durante el Tercer Reich (1933-1945) |
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La nueva política
antigitana: la persecución nazi
Represión policial
Como ya hemos visto, durante los primeros años del
régimen nazi, el tratamiento de los gitanos no cambió
demasiado. Los estados habían demostrado su habilidad
para actuar conjuntamente en referencia al problema de los
mendigos, y este modelo de acción unida fue extendido
a los gitanos. La primera acción contra mendigos y
vagabundos, con la asistencia de las milicias nazis, se produjo
en septiembre de 1933, y actividades similares tuvieron lugar
en los meses siguientes. Al principio, de acuerdo con las
prácticas tradicionales, los arrestados recibían
una severa advertencia o eran sentenciados a algunos días
de cárcel. Algunos “elementos desordenados”
eran enviados a campos de concentración, especialmente
a Dachau, aunque esta práctica levantó algunas
críticas ocasionales (AYASS, Wolfgang, ‘Asoziale’
im Nationalsozialismus, Klett-Cotta Buchhandlung Nachfolger,
Stuttgart, 1995, págs. 20-41). A comienzos de 1935,
las rigurosas medidas para limpiar las calles de estos elementos
habían sido un éxito, ayudadas también
por la mejora de la situación económica. Desde
el comienzo, las acciones contra este colectivo también
afectaron a los gitanos, pero hasta junio de 1936 no fueron
sistemáticamente incluidos en unas medidas que continuaban
una pauta de control que había sido utilizada durante
décadas.
Las posturas más agresivas del Nacionalsocialismo con
respecto al crimen, se centraron principalmente en los denominados
criminales profesionales y sexuales. La Ley contra criminales
profesionales, de noviembre de 1933, permitía la “custodia
preventiva” indefinida para personas con dos condenas
criminales. A comienzos de 1935, la policía inició
el internamiento de estas personas en campos de concentración,
sin pasar por los tribunales. La indefinición de la
normativa permitió ampliar los grupos de población
objeto de estas medidas: mendigos, vagabundos, prostitutas,
timadores y “vagos”. La criminalidad, gradualmente,
se convirtió en una categoría social, y los
gitanos pronto se convirtieron en un objetivo.
Se consideraba que el crimen era un factor hereditario y que
la única forma de eliminarlo era purgar a la sociedad
alemana de los elementos racialmente inferiores que portaban
esas taras hereditarias. Este tipo de consideraciones se hicieron
cada vez más populares en los círculos policiales,
poniendo el acento en la lucha preventiva. Especialmente interesados
estaban los miembros de la Policía Criminal (Kriminalpolizei,
Kripo), entre los que la aplicación de las medidas
preventivas tenía un fuerte ascendente. Equipada con
poderes arbitrarios de arresto, la Kripo se fue igualando
progresivamente a la Gestapo. A pesar de su imagen de profesionalismo
apolítico, la Kripo mostró más aceptación
por el régimen que cualquier otra rama de la policía,
como demuestra la escasa purga que se hizo de sus miembros,
después de 1933.
En diciembre de 1937, el Ministro del Interior Frick estableció
dos formas de proteger a la sociedad. La primera, autorizando
a la policía a poner a los criminales profesionales
bajo supervisión sistemática. La segunda, permitiendo
que algunos individuos fueran puestos en custodia preventiva:
aquellos que, aunque no fuesen criminales habituales, hiciesen
peligrar a la sociedad, por su conducta asocial. Esta definición
fue repetida en las regulaciones de aplicación de abril
de 1938, que señalaba como asocial a todos aquellos
que no podían adaptarse a la vida en la Comunidad:
mendigos, vagos (gitanos), prostitutas, alcohólicos,
personas con enfermedades contagiosas (especialmente venéreas),
sin techo, etc. Debían ser enviadas a campos de concentración,
por períodos ilimitados, según considerase la
autoridad policial competente. Debido al elástico concepto
de asocial, cualquiera sin una residencia permanente o una
fuente de ingresos constante podía quedar incluido
en el grupo.
En septiembre de 1936, la Kripo prusiana asumió la
responsabilidad sobre todas las operaciones en Alemania, y
en julio del año siguiente fue renombrada como Departamento
del Reich de Policía Criminal (Reichskriminalpolizeiamt,
RKPA). En un artículo publicado en 1938, el jefe del
RKPA, Arthur Nebe, señalaba que la tarea principal
era proteger al Estado, no sólo contra los criminales,
sino también contra los “individuos asociales”
(NEBE, Arthur, “Aufbau der deutschen Kriminalpolizei“,
en rev. Kriminalistik, núm. 12, 1938, págs.
4-8). El RKPA tenía un departamento especial relacionado
con las medidas preventivas, y una oficina separada se hacía
cargo de los gitanos. En mayo de 1938, Himmler ordenó
que la Oficina Central para Asuntos Gitanos (Zigeunerzentrale)
se trasladase de Munich a Berlín, y se uniese al RKPA
como Oficina Central del Reich para la lucha gitana (Reichszentrale
zur Bekämpfung des Zigeunerunwesens). Su tarea sería
la compilación de información sobre los gitanos
en Alemania y decidir las medidas necesarias. En el momento
de este traslado, la oficina de Munich tenía 33.524
fichas: 18.138 sobre gitanos y gitanos mixtos, 10.788 gitanos
nómadas, y 4.598 personas que se comportaban como gitanos.
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En enero de 1938, Himmler ordenó a la Gestapo iniciar
una acción contra los “vagos”; aunque el
decreto reconocía la jurisdicción de la Kripo,
señalaba que, debido al heterogéneo carácter
de la población relacionada, aún no estaba lista
para actuar. El arresto debía llevarse a cabo por medio
de una acción conjunta (IFZ Munich, Schutzhaft gg.
Arbeitsscheue, 26. Jan. 1938, Borbeugende Verbrechensbekämpfung,
Erlasssammlung Nr. 15). Como objetivo fueron definidos todos
los hombres en edad de trabajar que hubiesen rechazado un
empleo en dos ocasiones, o abandonasen su puesto de trabajo
sin justificación. Las oficinas de trabajo fueron instruidas
para que informasen a la Gestapo de esos casos; además,
otras autoridades, como las oficinas de asistencia social,
realizarían sus propias investigaciones. La acción
comenzó el 21 y debía concluir el 30 de abril.
Sabemos poco sobre los resultados de esta primera acción
contra los “vagos” pero, de acuerdo con un informe,
la Gestapo arrestó a unos 1.500 “asociales”.
Estos resultados no fueron tan buenos como la dirección
de las SS esperaba.
En el verano de 1938, la escasez de mano de obra se había
convertido en un auténtico problema. Himmler quería
crear una serie de empresas de las SS en los campos de concentración,
y necesitaba toda la mano de obra disponible. Consecuentemente,
las acciones de detención de 1938-1939 estuvieron destinadas
a hombres y mujeres capaces de trabajar. La Kripo respondió
con una oleada de detenciones que fue más allá
de las instrucciones recibidas, con unos resultados mucho
mejores de lo esperado: para 1939, los campos de concentración
de Buchenwald, Dachau, Flossenbürg, Sachsenhausen y Mauthausen
aún tenían a más de 10.000 individuos
categorizados como “asociales” (IFZ Munich, NO-5591,
Jahrbuch Amt V Reichskriminalpolizeiamt des Reichssicherheitshauptamtes
SS, 1939/40).
El 1 de junio de 1938, Heydrich ordenó a la Kripo realizar
una nueva acción, entre el 13 y el 18 de junio. Cada
distrito de la Kripo (40, en 1938) debía poner en custodia
al menos a 200 hombres capaces de trabajar, especialmente
vagabundos, mendigos, gitanos y personas itinerantes que tuviesen
antecedentes; también se incluían judíos
con sentencias de más de un mes. Los arrestados debían
ser enviados al campo de concentración de Buchenwald
(IFZ Munich, Vorbeugende Verbrechensbekämpfung durch
die Polizei, 1. Juni 1938, Erlasssammlung Nr. 15). La proporción
de gitanos entre los asociales arrestados en esta operación
es difícil de establecer porque fueron registrados
como asociales: la operación estaba destinada específicamente
contra este colectivo. Además, el principal propósito
de la operación parecía más proporcionar
mano de obra esclava que la prevención del crimen.
La inclusión de los gitanos en las operaciones de 1938
representaba un cambio significativo en la persecución.
Muchos fueron considerados asociales, pero no fueron un objetivo
marcado racialmente, sino un segmento de un grupo más
grande. Sin embargo, muchos gitanos murieron como resultado
de unas medidas diseñadas, por un lado, a reformar
la personalidad de los individuos asociales y, por otro, para
proporcionar mano de obra esclava a las nuevas empresas económicas
de las SS. Estas acciones tuvieron muy poco que ver con la
prevención del crimen, la razón aparente de
las mismas, sino que se constituyeron como un nuevo nivel
de persecución arbitraria y opresión (DE TORO
MUÑOZ, Fco. Miguel, “El sistema de campos de
concentración nacionalsocialista, 1933-1945: un modelo
europeo”, SOBREQUÉS, J., MOLINERO, C., SALA,
M. (edit.), Los campos de concentración y el mundo
penitenciario en España durante la guerra civil y el
franquismo, Crítica, Barcelona, 2003, págs.
84-100).
En diciembre de 1938 se dio un paso más en esta dirección,
con el “Decreto para combatir la plaga gitana”,
de Himmler, que reflejaba la influencia de los trabajos de
Ritter y del Instituto para la Higiene Racial en la política
racial nazi. El decreto señalaba la necesidad de afrontar
el problema de los gitanos en términos de las “características
internas de esa raza”. Se planteaba que los Mischlinge
(mixtos) eran responsables de los principales delitos cometidos
por los gitanos. Los datos personales de los individuos de
más de seis años debían ser enviados
al Centro para el Combate de la Molestia Gitana, en el RKPA
de Berlín; todas las personas referidas debían
someterse a un examen biológico-racial (IFZ Munich,
Bekämpfung der Zigeunerplage, MInisterialblatt des Reichs-
und Preussischen MInisteriums des Innern, 51 (8. Dec. 1938),
SS. 2105-2110, Borbeugende Verbrechensbekämpfung, Erlasssammlung
Nr. 15). El decreto también contenía órdenes
especiales para registrar los nacimientos, bodas y defunciones
y de los departamentos de salud pública, que debían
informar a la Kripo local. Finalmente, abolía todas
las regulaciones de los gobiernos regionales sobre el problema
gitano: todas las leyes y órdenes policiales debían
ser adaptadas a esta nueva regulación. En Austria y
el Sudetenland (recientemente anexionado a Alemania), debía
aplicarse tan pronto como fuese posible.
El decreto de Himmler incluía muchas medidas que durante
mucho tiempo habían sido aplicadas por los Estados
alemanes en la restricción de la vida diaria de los
gitanos, como la prohibición de viajar en grandes grupos,
la necesidad de un permiso para acampar o dedicarse al comercio.
Pero incluía nuevos elementos que marcaban importantes
aspectos en el desarrollo de la política nazi. En primer
lugar, continuando una tendencia comenzada con la reorganización
de la policía alemana, en 1936, el control de los gitanos
quedaba firmemente en manos del RKPA de Berlín: acababa
la jurisdicción de los gobiernos regionales; todas
las decisiones importantes debían tomarse en Berlín.
En segundo, se creaba una base de datos sin paralelo que cubría
al conjunto de la población gitana. En tercero, confirmaba
el importante papel que tenía el Instituto de Ritter
y su trabajo de clasificación, que ahora recibía
una legitimización formal y quedaba explícitamente
ligado al trabajo policial. Finalmente, el decreto de diciembre
de 1938 marcaba un paso importante, al tratar el problema
gitano sobre consideraciones raciales.
El decreto de diciembre de 1938 esbozaba la forma en la que
Himmler pretendía solventar el “problema gitano”.
Influenciado por los puntos de vista de Ritter, afirmaba la
necesidad de distinguir entre los gitanos “puros”
y los “mixtos”, basándose en criterios
raciales.
En marzo de 1939, Heydrich estableció regulaciones
complementarias para el decreto. Para salvaguardar la unidad
de la Comunidad Nacional, se adoptaban medidas para solventar
el problema gitano, incluyendo la “separación
racial de los gitanos del pueblo alemán, la prevención
de la mezcla racial” (IFZ Ausführungsanweisung,
1. März 1939, Mitteilungsblatt des Reichskriminalpolizeiamtes,
2, n. 4, April 1939, B58-60). También proporcionaba
detalles administrativos y policiales, como el nombramiento
de especialistas sobre cuestiones gitanas y la creación
de un departamento de asuntos gitanos en cada oficina regional.
Desde marzo de 1939, los gitanos debían llevar un “pase
racial”, y también su libro de trabajo debía
estar marcado con una “Z”. Posteriormente, este
tipo de medidas de control fue extendido al resto de los territorios
ocupados.
Los
Zigeunerlagern
La presencia de las caravanas gitanas en el interior de las
ciudades había sido siempre una causa de problemas
con la población y con las autoridades municipales.
A partir de 1933, un problema adicional era la política
urbanística de renovación del nuevo régimen,
que intentaba limpiar las ciudades y eliminar los asentamientos
ilegales. Esto llevó a la creación de campos
municipales, impulsados por las autoridades locales.
Uno de los principales campos fue el creado en Berlín.
En 1929, la capital del Reich tenía una población
gitana de 1.600 personas, y la presencia de caravanas provocaba
serias críticas. La ocasión para eliminar el
problema fueron las Olimpiadas de 1936: todas las caravanas
fueron trasladadas a un campo en las afueras de la ciudad,
para mantener la apariencia de orden e impresionar a los visitantes
extranjeros. Algunos gitanos asentados, que vivían
en sus propias casas, también fueron expulsados. El
16 de julio de 1936, aproximadamente 600 gitanos fueron escoltados
por la policía hasta el suburbio de Marzahn, un lugar
próximo a un cementerio y unas alcantarillas, aspectos
que violaban los rituales gitanos. Al principio, el campo
disponía de 130 caravanas, y aquellos que no tenían
fueron alojados en barracones abandonados del Servicio Alemán
del Trabajo; pero muchos tuvieron que dormir al aire libre,
por falta de instalaciones. Debido al exceso de población
y las escasas medidas sanitarias, las epidemias fueron constantes:
hasta marzo de 1938 se dieron 170 casos de enfermedad que
requirieron hospitalización. También hubo varios
estallidos de epidemias de difteria y tuberculosis. En 1937
se añadió un barracón de administración.
En septiembre de 1938, el número de gitanos en el campo
se había incrementado hasta 852 y, aunque se construyeron
más barracones, el exceso de población era constante.
A pesar de todos los problemas higiénicos, un informe
de las autoridades municipales, de 1937, señalaba que
el campo representaba una mejora sobre anteriores asentamientos
y que Marzahn podía convertirse en un lugar de residencia
fija para los gitanos que se trasladasen a Berlín.
La creación y desarrollo del campo gitano de Berlín-Marzahn
nos proporciona evidencias de una creciente cooperación
entre las oficinas de salud pública y la policía,
esencial para el desarrollo subsiguiente que llevó
a la deportación y asesinato masivo de los gitanos
alemanes. Aunque fue creado para los Juegos Olímpicos,
se convirtió en un asentamiento permanente, hasta la
deportación de la mayoría a Auschwitz, en 1943.
Campos similares aparecieron en Kiel, Freiburg, Fulda, Hannover,
Magdeburg, etc. El grado de coacción asociado con ellos
variaba: algunos tenían alambradas, otros no; los ocupantes
de estos campos no eran “internos”, como los de
los campos de concentración, y la población
de los mismos variaba constantemente (poblaciones como Munich
y Hamburgo, con una notable comunidad gitana, no tenían
campos. ZIMMERMANN, Michael, Rassenutopie und Genozid, págs.
98-99). A partir del comienzo de la guerra, el carácter
de estos campos cambió totalmente: la libertad de movimientos
fue eliminada, el control se incrementó y sus ocupantes
fueron obligados a realizar trabajos forzosos. En preparación
para su eventual deportación desde Alemania, la mayoría
de los “campos gitanos” se fueron transformando
en campos de larga estancia. Las autoridades locales se quejaron
repetidamente, solicitando la deportación de los gitanos
internados para “salvaguardar la moral y la seguridad
pública”. La policía utilizaba esas críticas
para solicitar oficialmente a Himmler que se retomasen las
deportaciones hacia el Este. Los campos municipales fueron
un intento temprano, descentralizado y provisional, de segregar
a los gitanos y, como en el caso de los ghettos de la Europa
Oriental, sirvieron sólo como estaciones de paso hacia
los centros de exterminio. |
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