El último estadio
de la persecución: deportación y genocidio
Mientras la deportación de los gitanos alemanes hacia
Polonia fue el resultado de una discusión a nivel nacional,
el exterminio de los gitanos del Burgenland no se llevó
a cabo por orden de Berlín, sino por una compleja interrelación
entre presiones desde abajo y directrices desde arriba. Las
instrucciones de Berlín sólo jugaron un papel
subordinado. Pero eso no evitó la deportación
y el exterminio. De los aproximadamente 11.000 gitanos que
vivían en Austria antes de 1938, sólo una tercera
parte sobrevivió, según los datos de víctimas
corregidos de 1983.
En abril de 1940, la expulsión de los gitanos, preparada
desde el comienzo de la guerra, comenzó a plasmarse
en planes concretos. El 27 de abril, Heydrich estableció
un decreto para el reasentamiento de los gitanos, que daba
órdenes para comenzar el proceso, señalando
que el primer transporte, de unas 2.500 personas debía
partir a mediados de mayo, desde las zonas occidentales. Las
oficinas de la Kripo de Hamburgo y Bremen debían incluir
1.000 gitanos; las de Colonia, Düsseldorf y Hannover
otros 1.000, y Stuttgart y Frankfurt am Main unas 500 personas.
Los gitanos y gitanos mixtos debían ser considerados
según las clasificaciones preparadas en el decreto
de octubre de 1939, y numerosos grupos fueron exentos de la
deportación: embarazadas, ancianos, niños, miembros
de matrimonios mixtos, familiares de miembros del Ejército,
etc. Los seleccionados debían ser concentrados en campos,
donde serían fotografiados y se les prepararía
una cartilla de identidad. Las joyas, dinero y bienes superiores
a 10 RM debían ser abandonados; al principio, las propiedades
no fueron confiscadas pero, finalmente todas lo fueron, basándose
en la ley de julio de 1933, que prescribía la confiscación
de las propiedades de aquellas personas que estuviesen relacionadas
con actividades hostiles al pueblo y el Estado. Toda la operación
debía llevarse a cabo, tan pronto como estuviesen preparados
los correspondientes transportes (IFZ Munich, Richtlinien
für die Umsiedlung von Zigeunern (Erster Transport aus
der westlichen und nordwestlichen Grenzzonen), Erlasssammlung
Nr. 15). La deportación de mayo de 1940 fue el primer
paso en el esquema para expulsar a los gitanos alemanes. En
julio, la Policía Criminal estaba planeando un nuevo
transporte al Gobierno General, y las oficinas de la Kripo
recibieron el encargo de informar del número de gitanos
en su jurisdicción. Sin embargo, en septiembre este
plan más ambicioso había sido abandonado, porque
la “solución final del problema gitano”
fue retrasada hasta el final de la guerra. Asimismo, en agosto
de 1941, la dirección policial informaba a las oficinas
de la Kripo que, debido a la guerra en el Este, los transportes
hacia el Gobierno General quedaban eliminados. Por tanto,
el primer intento de expulsión de los 30.000 gitanos
alemanes había finalizado con apenas 2.500 deportaciones.
A finales de 1941 se retomaron las deportaciones masivas.
Inicialmente, parece que la intención era el traslado
de más de 60.000 judíos desde Alemania y el
Protectorado checo hacia el ya abarrotado ghetto de Lodz.
Sin embargo, después de las protestas de las autoridades
de la zona, el número fue reducido a 20.000 judíos
y 5.000 gitanos. En octubre, los transportes de judíos
comenzaron a llegar al ghetto, y el 5 de noviembre llegaba
el primer transporte de gitanos austriacos: hasta el 9 de
noviembre, 4.996 gitanos austriacos habían sido deportados
a Lodz (1.130 hombres, 1.188 mujeres y 2.689 niños);
según las propias estimaciones de la administración
alemana del ghetto, sólo 1.925 personas estaban capacitadas
para trabajar. La mayoría de ellos procedían
del Burgenland (dos transportes del campo de Lackenbach) y
el resto procedía de Fürstenfeld y Pinkafeld.
Los gitanos austriacos fueron distribuidos entre las casas
del ghetto, separados de los habitantes judíos por
alambradas, con unas condiciones sanitarias catastróficas.
No está claro que la administración alemana
tuviese algún plan claro sobre qué hacer con
los gitanos o que hubiesen planeado la situación, y
pronto estalló una epidemia de tifus en el campo. La
administración judía recibió órdenes
de proporcionar a los gitanos alimentos y cuidados médicos,
pero después de pocos días, el número
de muertos alcanzaba 213. A finales de diciembre, la epidemia
se extendía a todo el ghetto gitano y había
producido 613 muertes, incluyendo a un alto oficial alemán.
Esta situación, probablemente, fue la que precipitó
la decisión de acabar con el ghetto gitano y eliminar
a los supervivientes, un procedimiento estándar en
estas situaciones. A comienzos de enero de 1942, fueron trasladados
al campo de exterminio de Chelmno, donde aproximadamente 4.400
gitanos de Lodz fueron asesinados. Ninguna de las 5.007 personas
deportadas desde Austria sobrevivió a este período
en el ghetto de Lodz.
Muchos de los aspectos relacionados con la muerte de los gitanos
del Burgenland se mantienen inexplicados: la única
información que tenemos procede de la crónica
de los internos judíos. Casi nada se sabe del proceso
de decisión que llevó a la deportación,
en unos momentos en los que no se estaba planeando ningún
tipo de acción similar. Parece que se produjo como
respuesta a las presiones procedentes de las autoridades nazis
austriacas, que durante mucho tiempo habían solicitado
que el Burgenland quedase “libre de gitanos”,
pero es improbable que en esta fase la deportación
incluyese la idea del exterminio. Más bien, parece
que la decisión de exterminio en Lodz se tomó
a nivel local, como respuesta a la epidemia en el ghetto.
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El Decreto de Auschwitz
Aunque no se ha encontrado ninguna copia del Decreto de Auschwitz
del 16 de diciembre de 1942, parece que sólo consistía
en una escueta orden de Himmler para la deportación
de los gitanos mixtos, y que los detalles fueron elaborados
posteriormente. El 29 de enero fueron distribuidos detalles
sobre la deportación, y unas instrucciones enviadas
por la dirección policial señalaban que los
gitanos mixtos, gitanos y miembros de los clanes gitanos de
los Balcanes debían ser seleccionados para “custodia
preventiva” y enviados al campo de concentración
de Auschwitz-Birkenau (al recién creado “campo
gitano”). Debían enviarse familias y clanes enteros,
teniendo en cuenta el grado de sangre mezclada, aunque algunas
categorías quedaban fuera del proceso. En conjunto,
las instrucciones dejaban una gran libertad de acción
a la hora de aplicar las excepciones a la deportación:
en casos en los que no había consideraciones raciales,
podían utilizarse criterios sociales, como el estilo
de vida, para determinar el estatus racial; pero la proporción
de personas exentas varió de región en región
y, en general, fue reducido.
Los preparativos para la deportación a gran escala
comenzaron poco después del decreto del 29 de enero.
La información de que disponemos sobre la selección
es muy escasa, aunque las autoridades locales intentaban deshacerse
de tantos gitanos como les fuese posible. En muchos casos,
la deportación de 1943 estuvo caracterizada por una
considerable crueldad: no fueron excluidos ancianos o mujeres
en avanzado estado de gestación; también los
niños que se encontraban en instituciones benéficas
debían quedar sujetos al proceso. Una orden del 26
de enero de 1943 del Ministerio del Interior señalaba
que la cuestión gitana debía ser tratada como
personas “hostiles al pueblo y al Estado” y, por
tanto, sus bienes confiscados.
En la primavera de 1943, ocho transportes llevaron a un total
de 2.348 gitanos austriacos a Auschwitz; otros dos transportes
también contenían un gran número de austriacos,
llegando a un total aproximado de unas 2.600 personas.
Para la primavera de 1944, la falta de cualquier tipo de instalaciones
higiénicas en el campo de familias de Auschwitz ya
había provocado más de 700 muertos. Las estimaciones
señalan que el número máximo de personas
en el campo fue de 22.696: casi dos terceras partes procedían
de Austria y Alemania, más del 20% de Bohemia y Moravia,
y apenas el 6% de Polonia. El 1 de junio, la cifra se había
reducido a 6.500, después de diversas selecciones y
traslados a otros campos de exterminio. Los 1.408 presos que
en agosto aún eran capaces de trabajar fueron enviados
a Buchenwald y Ravensbrück.
La historia y el destino de los gitanos en Auschwitz-Birkenau
fueron paralelos a la creación y posterior destrucción
del denominado Familienlager. El 2 de agosto de 1944, el campo
gitano fue eliminado (aunque un intento anterior de las SS
había sido evitado por la resistencia armada de los
presos), para acoger a los judíos procedentes del ghetto
de Theresienstadt. Entre el 2 y 3 de agosto, 2.897 hombres,
mujeres y niños fueron enviados a las cámaras
de gas de Auschwitz y exterminados. En el momento en que Auschwitz-Birkenau
fue evacuado, 13.614 gitanos del Reich alemán habían
muerto de malnutrición, enfermedades, malos tratos,
experimentos médicos, etc., y 6.432 personas habían
sido gaseadas; 32 habían sido asesinadas cuando intentaban
escapar. Así, aproximadamente 20.000 de los 23.000
gitanos austriacos y alemanes deportados a Auschwitz habían
sido asesinados.
El
genocidio en las zonas ocupadas
Las autoridades nazis abrigaron también el objetivo
de agrupar a todos los gitanos de los territorios ocupados
y transportarlos hacia Alemania y Polonia, para realizar trabajos
forzosos y, posteriormente, a los campos de concentración
y exterminio. En las zonas ocupadas, el destino de los gitanos
varió de país en país, dependiendo de
las circunstancias locales. Por ejemplo, en los Estados Bálticos
y la Unión Soviética, los Einsatzgruppen asesinaron
a los gitanos del mismo modo que a los judíos o dirigentes
comunistas; cientos de gitanos fueron fusilados junto a los
judíos en Babi Yar, cerca de Kiev. Ante el Tribunal
de Nürnberg, el jefe del Einsatzgruppen D, Otto Ohlendorf,
justificó el asesinato de los gitanos, refiriéndose
a sus actividades de espionaje y a su consideración
semejante a los judíos.
Antes de la ocupación alemana, el gobierno de Holanda
tenía políticas aplicadas contra personas que
viajaban en caravanas, entre ellos los gitanos: los holandeses
nómadas fueron denominados “gitanos”. En
mayo de 1943, las autoridades de ocupación ordenaron
que el “estilo de vida nómada” debía
cesar: 1.500 caravanas fueron amontonadas en 247 campamentos
mientras la policía holandesa, siguiendo órdenes
alemanas, enviaba a 565 personas “de apariencia gitana”
al campo de tránsito de Westerbork. Los “tipos
asociales” fueron separados, y 245 gitanos fueron enviados
a Auschwitz (sólo 16 mujeres y 10 hombres regresaron);
se estima que el número de víctimas holandesas
es de unas 500 personas.
Algunos meses antes de la ocupación alemana de Francia,
los gitanos habían sido registrados por medio de tarjetas
de identificación especiales y sometidos a vigilancia
policial, al mismo tiempo que se creaban campos de trabajo
para ellos. La zona ocupada de Alsacia-Lorena fue testigo
de una oleada especialmente brutal de persecución de
gitanos de la etnia Manouche. Tanto en el norte, en la Francia
ocupada, como en el sur, bajo el gobierno de Vichy, fueron
cazados e internados en campos de trabajo. El Ministro de
Asuntos Judíos de Vichy, Xavier Vallat, fue responsable
de los 30.000 gitanos internados. La mayoría fueron
transportados a los campos de Buchenwald, Dachau y Ravensbrück,
donde entre 16.000 y 18.000 murieron. El gobierno de Vichy
llevó la colaboración hasta el punto de extender
la persecución a Argelia, forzando a 700 gitanos a
internarse en el ghetto de Maison-Carrée, cerca de
Argel; Oran y Mostagenem también tuvieron centros de
internamiento para gitanos. La colaboración francesa,
en relación al trato dado a los gitanos, no ha sido
discutida hasta ahora.
Los gitanos de la Italia fascista fueron transportados a las
islas del Adriático y a Cerdeña, antes del comienzo
de la guerra. También fueron reclutados para el ejército
y enviados a Albania, donde sus familias los seguían
“por su propia voluntad”. A partir de la ocupación
alemana del Norte de Italia, en 1943, los gitanos fueron asesinados,
trasladados a Alemania para llevar a cabo trabajos forzosos
o deportados a campos de concentración. El número
de víctimas se sitúa en un millar, a pesar de
la protección que ofrecieron los militares y civiles
italianos.
En Dinamarca y Finlandia, los gitanos no se vieron afectados
por las medidas persecutorias, porque sus gobiernos rechazaron
la cooperación con las autoridades de ocupación.
Apenas unos centenares de gitanos que vivían en Noruega,
unas pocas familias, fueron trasladadas a campos de concentración.
El número de gitanos víctimas del régimen
nazi en la Europa oriental es aún difícil de
señalar, provocando que continúe el debate.
Oficialmente, 238.000 gitanos fueron asesinados en la Europa
Oriental y los Balcanes, aunque no se tienen en cuenta las
personas eliminadas por los Einsatzgruppen o las acciones
de represalia, que incrementarían notablemente las
cifras.
Casi todos los gitanos de Estonia y Lituania fueron asesinados;
en la Letonia oriental murieron centenares en la zona de Ludza.
En 1942, un tercio de los gitanos de Letonia (1.500-2.000)
fueron masacrados por fuerzas nazis; se supone que sólo
la mitad de la población gitana de Letonia sobrevivió.
Tras la ocupación de Checoslovaquia (los Sudetes, Bohemia
y Moravia), muchas familias gitanas huyeron hacia Eslovaquia.
Aquellos que se quedaron fueron enviados a uno de los dos
campos creados en agosto de 1942: 6.000 fueron registrados,
de los que apenas sobrevivieron; 3.500 fueron asesinados en
Auschwitz. En la Eslovaquia fascista se inició una
brutal represión, expulsando a los gitanos de sus pueblos
y enviándolos a campos de trabajo, aunque sin una persecución
sistemática. Sin embargo, los prógroms de los
fascistas locales provocaron más de 3.000 muertos.
En Hungría, el asesinato de los gitanos comenzó,
como en el caso de los judíos, después de la
ocupación alemana, en mayo de 1944. Unidades húngaras
y alemanas deportaron a 31.000 gitanos, de los que sólo
unos 3.000 sobrevivieron.
El gobierno fascista de Antonescu en Rumanía restringió
sus actividades antigitanas a la expulsión de las zonas
de Bessarabia (zona oriental de Ucrania) ocupadas por las
tropas rumanas. En las publicaciones fascistas se mantenía
que la “cuestión gitana” era tan importante
como la “cuestión judía”. Después
de la guerra, una comisión de investigación
determinó que más de 36.000 gitanos murieron
como resultado de las acciones rumanas en Bessarabia.
La persecución más importante se produjo en
Croacia, bajo el dominio de los fascistas de la Ustascha.
Uno de los campos gitanos más importantes fue el de
Jasenovac, donde más de 24.000 serbios, judíos
y gitanos, fueron internados. De los 28.000 gitanos que había
antes de la guerra, sólo unos pocos sobrevivieron a
las masacres de la Ustascha. Tras la ocupación de Serbia,
las autoridades militares ordenaron que todos los gitanos
serbios se registrasen y llevasen brazaletes, para mostrar
lo que eran. En las calles y los negocios había carteles
que señalaban “prohibidos judíos y gitanos”.
El 30 de mayo de 1941, el comandante alemán de la zona
publicaba una orden en la que se señalaba que “los
gitanos deben ser tratados como judíos”. A menudo,
como represalia por los ataques de los partisanos, los judíos
y gitanos internados eran fusilados. También se utilizaron
cámaras de gas móviles, especialmente transportadas
desde Alemania al campo de concentración serbio de
Zemun, donde fueron utilizadas con mujeres y niños
gitanos. A finales de 1941, las unidades especiales del Ejército
alemán asesinaron a casi toda la población adulta
de gitanos.
En Macedonia y Kosovo, habitadas por albaneses, la política
de exterminio no fue aplicada contra los gitanos musulmanes,
por la intervención de los líderes de esa religión.
Macedonia fue ocupada por tropas búlgaras aliadas con
el Tercer Reich, pero como en Bulgaria misma, no hubo gran
interés en aplicar las políticas raciales, por
lo que los gitanos y los judíos permanecieron relativamente
tranquilos.
Parece que la persecución de los gitanos en la Grecia
ocupada también pudo ser evitada, a pesar de que el
conjunto de la población judía de Tesalónica
fue deportada a campos de exterminio.
En Polonia, en zonas como Varsovia y Ostro-Masowiecki, los
gitanos fueron internados en ghettos, desde 1942. Muchas comunidades
cayeron víctimas de masacres perpetradas por fascistas
polacos y ucranianos: entre 3.000 y 4.000 gitanos fueron fusilados
sólo en Bolina. Otros grupos fueron deportados a Auschwitz,
Bergen-Belsen, Chelmno, Majdanek y Treblinka. La aniquilación
de los gitanos polacos, concentrados mayoritariamente en ghettos,
comenzó en septiembre de 1944, y se estima que el número
de víctimas está alrededor de 35.000 personas.
Las cifras del Porrajmos gitano
Determinar el porcentaje de gitanos que murió en el
Holocausto no es fácil, por diversos motivos. La mayor
parte de la documentación aún permanece sin
analizar, porque casi todas las investigaciones sobre las
políticas raciales nacionalsocialistas se han centrado
en las víctimas judías. Muchos asesinatos no
fueron registrados, porque se realizaron in situ, en los bosques
en los que los gitanos eran arrestados. Tampoco hay cifras
exactas de la población gitana antes de la guerra,
aunque el censo alemán de 1939 la estimaba aproximadamente
en dos millones de personas en Europa. Los estudios señalan
estimaciones de muertos en el genocidio gitano que van de
220.000 a 500.000 personas.
En 1939, unas 35.000 personas denominadas “gitanos”
vivían en Alemania y Austria. La población total
que quedó bajo control nazi en los países ocupados
y el Gran Reich alemán es incierta, pero algunos estudios
señalan una cifra estimada de 942.000 personas. Las
últimas estimaciones (1997) del Instituto de Investigación
del Memorial del Holocausto de los Estados Unidos señalan
que el número de gitanos que murieron entre 1933 y
1945 no puede establecerse con seguridad, pero que están
“entre medio y un millón y medio”. La mayoría
de los historiadores han considerado como la cifra más
aceptable la de 1.075.000 gitanos que vivían en Europa
antes de la guerra, y concluyen que sus pérdidas se
pueden situar entre 220.000 y 500.000. Podemos apreciar esas
diferencias en los siguientes ejemplos:
- En 1972, Donald Kenrick y Grattan Puxon estimaban el número
total de romaníes víctimas del Holocausto en
219.700, de una población anterior a la guerra de 936.000
personas. En 1995, estos mismos dos autores bajaban esas estimaciones
a 196.000 personas.
- Gabrielle Tyrnauer estima unas cifras de entre 400.000 y
500.000 muertos, entre una población total de 885.000
personas.
- Ian Hancock señala que en 1945, entre 500.000 y 1.500.000
gitanos, aproximadamente la mitad de todos los que estaban
bajo control nazi, habían muerto en la Porrajmos.
- Philip Friedman también aporta unas cifras similares
a las de G. Tyrnauer.
- En 1953, Rudiger Vossen calculaba en 275.000 muertos romaníes,
de una población estimada de 947.500 personas en 1939.
- Henry R. Huttenbach señala en sus investigaciones,
a partir de unas cifras de preguerra muy elevadas, que las
pérdidas entre la población romaní podrían
situarse entre 1 y 4 millones de personas.
- Michael Zimmermann calcula unas 90.000-100.000 personas,
pero no incluye todos los países ocupados por los nazis
o las potencias del Eje.
Posiblemente, la estimación más acertada sobre
la mortalidad gitana durante el período nazi es la
ofrecida por Sybil Milton, que realiza un análisis
país por país (MILTON, Sybil, “The Holocaust:
The Gypsies”, en PARSONS, W.S., CHAMY, I., TOTTEN, S.
(edit.), Genocide in the Twentieth Century: An anthology of
critical essays and oral history, New Cork, 1995, págs.
209-264. MILTON, Sybil, “Zigeunerlager nach 1933”,
en Vierteljahreshefte für Zeitgeschichte, 1995, vol.
1, págs. 115-130). Milton considera un total de 210.700
gitanos muertos, y enfatiza que se trata de una estimación
mínima absoluta que no incluye, entre otras estadísticas,
los asesinatos no informados por los Einsatzgruppen, los muertos
en los centros de eutanasia y los asesinados en Rumania, Yugoslavia,
la Unión Soviética y Grecia durante la ocupación
alemana o del Eje. Milton concluye que basándose en
los actuales conocimientos y evidencias históricas,
al menos 220.000 gitanos fueron asesinados en el Holocausto
y que esa cifra, probablemente, es mayor, cercana a los 500.000
muertos. Milton introduce también una temática
muy importante, cuando señala que todas las estadísticas
de mortalidad de todas las víctimas del Nacionalsocialismo
están sujetas a una serie de restricciones:
- No todas las víctimas fueron registradas, incluyendo
muchos miles que fueron asesinadas inmediatamente después
de llegar a los campos de exterminio.
- Muchos archivos se perdieron o destruyeron. Los archivos
que se conservan sólo contienen información
fragmentaria.
- Los datos sobre arrestos y transportes a campos de concentración
de víctimas no judías a menudo contienen errores.
- Los diferentes investigadores utilizan diferentes bases
de datos, diferentes fronteras nacionales, etc., cuando computan
las estadísticas de población y mortalidad,
llegando a diferentes conclusiones. Las cifras de víctimas
de un país determinado a menudo incluyen no sólo
a sus ciudadanos, sino también a residentes legales
e ilegales y refugiados apátridas.
La cifra de gitanos austriacos asesinados es también
muy difícil de concretar. El principal problema con
el que nos enfrentamos es la definición: los gitanos
no constituían una categoría única en
los campos de concentración, y durante las grandes
acciones de detención, especialmente en 1938-1939,
muchos fueron considerados como “asociales” al
ser internados. Aunque aún se requieren posteriores
investigaciones, parece cierto que al menos 9.000 gitanos
austriacos fueron asesinados, de una población total
aproximada de unas 11.000 personas.
La discusión sobre el número de gitanos que
murieron durante el Holocausto es un debate que aún
se mantiene abierto en todos sus ámbitos, y que ha
dividido a los historiadores, según la importancia
de las cifras que han presentado. Pero, se acepten las cifras
que se acepten, lo que sí es cierto es que el número
de muertos fue suficientemente grande como para fracturar
la sociedad gitana y mantenerla en su marginación.
Incapaz de conseguir fuerza suficiente para hablar por sí
misma, la raza gitana parece haberse enfrentado al olvido
de la historia.
La comparación de las cifras de víctimas ha
proporcionado un pretexto para las consideraciones de “exclusividad”
de las víctimas del Holocausto. Selma Steinmetz, por
ejemplo, señala que “los gitanos asesinados en
campos de concentración y en ejecuciones masivas en
Polonia, Yugoslavia y la URSS, o asesinados en las cámaras
de gas de Auschwitz, permanecen en la sombra de los seis millones
de judíos muertos; frente a estos enormes sufrimientos
humanos, los números deciden” (STEINMETZ, Selma,
„Zigeuner“, en DÖW (Hg.), Widerstand und
Verfolgung in Wien. Eine Dokumentation, 3 Bde., DÖW,
Viena, 1975, págs. 352-360). Actualmente se considera
que los porcentajes totales de pérdidas tanto para
la población judía como para la gitana son similares,
sobre un 80%, según las cifras que proporcionó
Simon Wiesenthal. Por su parte, Heinz Heder introdujo una
cuestión clave sobre el tema, al señalar que
muy pocas personas en Europa o Estados Unidos sabían
que los gitanos de Europa fueron asesinados en esas proporciones
(HEGER, Heinz, Die Männer mit dem rosa Winkel, Merlin-Verlag,
Gifkendorf, 2001, pág. 9).
En Hungría, Rumanía, Rusia y Eslovaquia murieron
entre 30.000 y 35.000 gitanos; en Serbia y Croacia, unos 90.000.
Aproximadamente 20.000 gitanos de la Europa occidental, sobre
todo procedentes de Francia, Holanda y Bélgica, fueron
deportados a los campos de exterminio de Polonia. De los aproximadamente
11.000 gitanos austriacos, murieron el 80%; sólo entre
600-700 gitanos del Burgenland sobrevivieron al Holocausto.
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