Abierta en 1917, la factoría manufacturera Hollandia
Kattenburg empleaba a unas 1.000 personas en 1940, la
mayoría de ellos judíos. Aproximadamente
200 trabajadores judíos de la compañía
pudieron huir al extranjero o pasar a la clandestinidad
entre 1940 y 1942, al comienzo de la ocupación
alemana. Otros fueron arrestados durante diferentes razzias.
Para
evitar la expropiación de la factoría, los
directores judíos dimitieron en noviembre de 1940
y fueron reemplazados por directores no judíos,
aunque la compañía fue igualmente asignada
a un “administrador”. Debido a que la Hollandia
Kattenburg manufacturaba una gran parte de su producción
a la Wehrmacht, su plantilla fue considerada Rüstungsjuden
(categoría de judíos que eran “esenciales”
para la producción de guerra), que tenían
exenciones provisionales de la deportación; estas
exenciones cubrían a sus familias.
El
incremento de las exenciones económicas provocó
malestar entre la dirección nacionalsocialista
en Holanda, especialmente en el otoño de 1942,
cuando el número de judíos deportados cayó
por debajo de la cuota impuesta por Berlín. En
octubre se ordenó que los judíos de la Hollandia
Kattenburg fuesen arrestados, a pesar de su exención,
y deportados junto a sus familias.
El
11 de noviembre de 1942, los restantes 367 judíos
entre los últimos 800 empleados de la factoría,
fueron detenidos en una gran acción represiva.
Fueron introducidos en vagones de mercancías y
deportados, junto a sus familias, que habían sido
detenidas en sus casas, vía el campo de Westerbork,
hacia los campos de concentración y exterminio
en el Este. Sólo 8 empleados judíos sobrevivieron
a la guerra.