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Durante las últimas dos décadas se han hecho
crecientes esfuerzos en la ciudad para enfrentarse a la
historia de los judíos de Viena, con todos sus aspectos
positivos y negativos, y para adaptarse a la herencia judía
de la ciudad. Además de las instituciones judías,
cuyo número se ha incrementado gracias a los esfuerzos
de las autoridades vienesas, hay un gran número de
museos, instituciones y memoriales que evocan la importancia
de la herencia judía: el museo judío, el Mueso
de la Judenplatz, el Museo de Sigmund Freíd, el Memorial
contra la Guerra y el Fascismo en la Albertinaplatz, y el
Memorial de la Shoah en la Judenplatz, para citar sólo
algunos de los más importantes.
El
30 de septiembre de 1983, el Consejo municipal de la ciudad
de Viena votó unánimemente a favor de encargar
a Alfred Hrdlicka con la construcción de un monumento
contra la guerra y el Fascismo, en la plaza frente al Museo
Albertina, en la Albertinaplatz.
Debido
a la intensa controversia política sobre su localización,
entre otros factores, el monumento no fue instalado hasta
1988; fue inaugurado el 24 de noviembre, en presencia del
Canciller Federal, Franz Vranitzky y del alcalde Helmut
Zilk. Sin embargo, el conjunto no estuvo totalmente finalizado
hasta 1991.
El
monumento está compuesto por una serie de elementos
independientes: “La puerta de la violencia”
(Tor der Gewalt), compuesta asimismo por las piezas Hinterlandsfront,
y la Heldentod (el frente interior y la muerte del héroe),
“el judío que limpia las calles” (strassenwaschende
Jude), “Orfeo entre en el Hades” (Orpheus betritt
den Hades) y la “Piedra de la República”
(Stein der Republik). En referencia a su monumento, el artista
señala que las diferentes partes hacen referencia
a determinados aspectos de la experiencia del Fascismo en
Austria:
“Orpheus
entra en el Hades” se refiere a las víctimas
de los bombardeos en los sótanos del Philipphof;
los que quieren refugiarse se encuentran ante las puertas
del infierno.
“El
judío que limpia las calles”: todo el mundo
puede alegar que no sabía lo que pasaba en Auschwitz,
pero los vieneses debían saber lo que pasaba en Viena,
porque hasta los niños lo habían visto.
“La
puerta de la violencia”, recuerda a las víctimas
de todas las guerras y la violencia, incluyendo el dominio
nazi en Austria de 1938-1945. Se trata de un montaje con
imágenes de diferentes guerras (máscaras de
gas de la Primera Guerra Mundial, una mujer yaciente alumbrando
a un futuro soldado, trabajadores esclavos encadenados),
montado sobre un pedestal de granito procedente de la cantera
de Mauthausen.
Finalmente,
un elemento optimista: la declaración de independencia
de Austria, reflejado en un enorme bloque de granito, en
el que está inscrita la declaración de independencia.
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El conjunto está montado con dos bloques de mármol,
y entre ellas otra pequeña escultura de una persona
de rodillas, que representa a los judíos que fueron
obligados a limpiar las calles de Viena, después
de la anexión de Austria a Alemania, en marzo de
1938: médicos, profesores, universitarios y otros
famosos ciudadanos de la ciudad fueron degradados de este
modo, mientras los vieneses se mofaban de ellos.
Elementos
separados, hechos de granito del área del campo de
concentración de Mauthausen, están en la zona
donde se encontraba el Philipphof, que fue destruido durante
un ataque aéreo, el 12 de marzo de 1945, enterrando
en sus sótanos a más de 300 personas.
Casi
ninguno de los monumentos y memoriales austriacos podría
catalizar la memoria sobre su pasado, como el provocador
monumento de Alfred Hrdlicka “Monumento contra la
guerra y el fascismo”, instalado en el centro de Viena,
en la Albertinaplatz. Este memorial nos sugiere la increíble
futilidad de divorciar el aspecto artístico de un
monumento de su significado político e histórico,
una separación forzada que últimamente niega
a esas instalaciones su función esencial como foco
del discurso público.
Los
planes para construir un monumento antifascista en Viena
comenzaron en 1972. En 1978, las autoridades municipales
convocaron un concurso para ese monumento, que estaría
colocado frente a la Catedral de San Esteban. La propuesta
de Hrdlicka consistía en dos partes: un judío
lavando la calle y un relieve figurativo que enlazaría
el martirio del patrón de la ciudad con el martirio
de los judíos. Dos elementos adicionales recordarían
también la represión de los trabajadores por
el régimen austro-fascista y el sufrimiento de los
civiles en una guerra mundial impuesta por Hitler. La respuesta
inicial de la comunidad a estos planteamientos fue de escepticismo.
Además,
Hrdlicka había pensado en otro lugar para colocar
su memorial: la zona triangular de césped en la Albertinaplatz,
cerca de la Ópera y del Café Sacher, frente
al centenario Museo Albertina, en el centro de la ciudad.
Helmut Zilk, como alcalde de la ciudad, permitió
la utilización de la plaza. Tanto Hrdlicka como Zilk
veían este lugar como el emplazamiento ideal, no
sólo por su centralidad geográfica, sino por
los muchos elementos de memoria histórica representados
y enterrados allí.
Para
Hrdlicka, sólo el monumento de la Albertinaplatz
debía recordar a los ciudadanos que el auténtico
corazón de Viena había sido envenenado, tanto
por los hechos históricos y como, lo que era peor,
por la tendencia entre los vieneses a enterrar su pasado
sin rastros. El artista recordaba también que en
la noche del 12 de marzo de 1945, cerca de 200 vieneses
perecieron en un refugio antiaéreo bajo la Albertinaplatz.
La decisión de la ciudad de no desenterrar a las
víctimas escandalizó a los vieneses en 1945,
y nuevamente cuando el lugar fue cubierto para construir
la plaza actual.
El
30 de septiembre de 1983, el consejo municipal de la ciudad
de Viena votó unánimemente proceder a la construcción
del memorial de Hrdlicka, rediseñado. Tras su conclusión,
en la noche del 24 de noviembre de 1988, se conmemoró
el único monumento de la ciudad “contra la
guerra y el fascismo”. Al día siguiente, numerosos
profesores llevaron a sus clases y utilizaron las esculturas
como texto para la lección del día, en una
clara muestra de su importancia pedagógica.
El
monumento de cinco piezas comienza, de acuerdo con el artista,
con la “puerta de la violencia”, una abertura
entre dos columnas cuadradas de granito de la cantera de
Mauthausen. Las columnas están compuestas de víctimas
de los campos de concentración por un lado, y “soldados
caídos” por el otro. Hrdlicka dedicó
ese lado de la puerta a lo que denomina “el frente
interior”, “donde los cobardes asesinaron a
mujeres y niños detrás de las líneas
del frente”, para no ser enviados al auténtico
frente de batalla. El asesinato masivo no puede disminuirse
como un crimen de guerra, según Hrdlicka, sino que
debe considerarse un crimen contra la humanidad.
Si
las figuras humanas representan a los internos en los campos
de concentración, Viena los ha considerado también
como las víctimas enterradas en el ataque aéreo.
En este sentido, el monumento anti-bélico considera
a todas las víctimas como víctimas de guerra,
prácticamente sin distinción.
Al
pasar a través de la puerta, nos encontramos frente
al “judío que lava la calle”, postrado
de manos y rodillas. Desde cierta distancia, la escultura
de bronce es difícilmente identificable como una
forma humana. Cuando se le preguntó a Hrdlicka a
quién dedicaba esta figura, éste replicó
“al alma vienesa”, una referencia cínica
a la indiferencia vienesa ante el destino que sufrieron
decenas de miles de judíos austriacos.
De
acuerdo con Hrdlicka, la siguiente pieza, “Orfeo entrando
en el Hades”, quiere recordar a los observadores los
últimos días de aquellos enterrados vivos
en el bombardeo de la Albertinaplatz, en relación
con los sufrimientos producidos por la guerra entre la población
civil.
La
última sección del monumento de Hrdlicka es
un gran fragmento de roca, en el que están gravadas
partes de la declaración de independencia austriaca,
fechada el 27 de marzo de 1945, sólo dos semanas
después del bombardeo.
El
efecto total del espacio de este conjunto nos recuerda a
una ruina: columnas fragmentadas, piezas de estatuas, una
zona abierta creada por la destrucción de edificios
cercanos. La ruda textura de la piedra no sólo captura
el siempre presente sentido incompleto de la escultura,
sino que también recuerda la violencia explícita
del elemento artístico de la memoria: el granito
dinamitado en la cantera, el corte y el picado de la piedra,
el martillo y el cincel arañando su superficie.
El
monumento de Hrdlicka “contra la guerra y el fascismo”
conmemora no sólo el lugar histórico y el
trauma causado por una sociedad que reclama esas memorias
a la conciencia pública después de muchos
años de negación, sino también las
preocupaciones del público y del artista, tanto estéticas
como políticas. Las respuestas al monumento son tan
variadas como los visitantes que se acercan.
Contacto
Mahnmal
gegen Krieg und Faschismus
Albertinaplatz
A-1010 Wien
http://www.nachkriegsjustiz.at/vgew/1010_alb.php |
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